Inanna

Reina del Cielo y de la Tierra

Introducción

Por Diane Wolkstein
Inanna fue un regalo de cumpleaños – y más. En la primavera de 1979 fui invitada por Priscilla Moulton a presentar un programa en el Simmons College en Boston para el noviembre siguiente. Como la fecha caía en la semana de mi cumpleaños y el programa estaba abierto a mi elección, decidí que ésta era la ocasión que había estado esperando.

Durante años había querido contar el relato de la Diosa de la Luna, Diana. No sólo soy su homónima, sino que en su aspecto cíclico, la Diosa de la Luna es un símbolo de identificación para las mujeres. Y todos, tanto hombres como mujeres, hace tiempo tenemos necesidad de un relato “grandioso” sobre una mujer – como inspiración, guía y modelo – para nosotros así como para nuestros hijos.

Para mi sorpresa, cuatro meses de investigación sobre las diosas de la luna sólo resultaron en pedacitos dispersos. El relato más completo de la diosa es el de Démeter; pero el cuento gira alrededor del aspecto de madre – hija de la diosa, y yo quería contar un cuento acerca de la diosa en todos sus aspectos. ¿Adónde lo iba a encontrar?

Observar las estatuas de las diosas en los museos y leer acerca de su impacto en libros de mitología y religión era sólo un principio. Como narradora oral, para conocerla realmente, tenía que oírla hablar. Tenía que encontrar a la diosa en relación con otros. Para encontrarla, tenía que encontrar su texto.

Me metí en las antologías del mundo, en busca de los nombres de las diosas de la luna: Ishtar, Mari, Diana, Isis, Hécate, Pasifae, Selene, Brigit, Cybele, la Shejiná, Lilith, Perséfone, Inanna...la busqué por nombre, y finalmente encontré una mención a ella y a sus relatos en el libro más reciente de Samuel Noah Kramer, From the poetry of Summer. En este libro, Kramer describe a la diosa de la primera civilización de la que tenemos textos: “Las deidades femeninas fueron veneradas y adoradas a través de toda la historia sumeria... pero la diosa que dominó, eclipsó y sobrevivió a todas fue una deidad conocida por los sumerios por el nombre de Inanna, ‘Reina del Cielo’, y a los semitas que vivían en Sumeria por el nombre de Ishtar. Inanna representó un papel más importante en los mitos, en las épicas y los himnos que cualquier otra deidad, masculina o femenina” 1.

En el libro de Kramer The Sacred Marriage Rite2, encontré los diversos poemas acerca de la joven y terrenal Inanna y el relato del descenso de la Inanna madura al inframundo. Leí el descenso de Inanna una y otra vez. Me sentía atraída por el relato de la mujer que entrega, en siete portones sucesivos, todo lo que ha logrado en la vida, hasta quedar despojada y desnuda, sin nada fuera de su voluntad por renacer.

A pesar de que se encontraba fragmentado, el relato de Inanna, según lo comenzaba a percibir, seguía el mismo patrón que el de la arquetípica Diosa de la Luna: La joven mujer que es cortejada; la mujer madura que goza de sus poderes femeninos y ofrece generosamente su gracia; y la mujer mayor que encuentra la muerte en el inframundo. En La Diosa Blanca, Robert Graves conjetura acerca del aspecto celestial de la Triple Diosa, “Como Diosa Celeste, ella era la luna... como la Luna Nueva o Primavera, ella era niña; como la Luna Llena o Verano ella era mujer; como la Luna Vieja ella era arpía.....”3

En sumerio, Inanna significa literalmente “Reina del Cielo”, y era denominada tanto “La primogénita de la Luna” como “La Estrella de la Mañana y del Atardecer” (el planeta Venus). Además, en la mitología sumeria, era conocida como Reina del Cielo y de la Tierra, y era responsable del crecimiento de las plantas y animales y de la fertilidad en el género humano. Más aún, por motivo de su viaje al inframundo, se revistió de los poderes y misterios de la muerte y el renacimiento, emergiendo no sólo como una diosa celeste o lunar, sino como la diosa que gobierna el cielo, la tierra y el inframundo. Aquí estaba la diosa en todos sus aspectos. Aquí estaba mi relato.

Pero mientras preparaba el relato para su presentación, uniendo las diferentes secciones, había muchos resquicios y signos de interrogación en el texto, a menudo en los pasajes más cruciales, y yo me preguntaba el significado de muchas palabras – literalmente. Mi amiga Susan Bergholz, hace largo tiempo sumeriófila, sugirió que telefoneara a la fuente: Samuel Noah Kramer, quien había descifrado el texto.

“¿Así es que amas a Inanna?” dijo Kramer, contestando él mismo el teléfono. “Bueno, entonces ven a verme”. El estaría dando una Cátedra Jayne sobre Inanna en la Sociedad Filosófica de Filadelfia en dos días, y ¿por qué no venía entonces?

Llegué ansiosa y llena de preguntas:

“En la primera línea de ‘El Descenso de Inanna’ dice: ‘Desde el Gran Arriba ella dirigió su mente al Gran Abajo,’ ¿qué quiere decir exactamente ‘mente’?”
“Oído”, dijo Kramer.
“¿Oído?”
“Sí, en sumerio la palabra para oído y para sabiduría son la misma. Pero es mente a lo que se refiere”.
“Pero -- ¿yo podría decir ‘oído’?”
“Bueno, podrías”.
“¿Es abrió su oído o dirigió su oído?”
“Puso. Puso su oído, como un burro que dirige su oído a un sonido particular?”

Mientras Kramer hablaba, me recorrió un escalofrío. Si se tomaba literalmente, el texto anunciaba la dirección del relato: Desde el Gran Arriba la diosa dirigió su oído, su receptor de sabiduría, al Gran Abajo.

Mientras estos pensamientos estaban atravesando mi mente, Kramer miró la forma que le había dado a sus textos y dijo que si yo pudiera encontrar un editor consideraría la posibilidad de que colaboráramos en una publicación conjunta. Yo había leído el relato de “Inanna y el árbol Huluppu”, y le pregunté a Kramer si había otros relatos que estuvieran intactos. El mencionó “Inanna y Enki: la Transferencia de las artes de la civilización de Eridu a Erech”, pero dijo que aún no había sido completamente traducido al inglés.

En noviembre de 1979 conté “El Cortejo” y “El Descenso de Inanna” en el Simmons College a una audiencia atónita y sobrecogida. Cuando le conté a Kramer acerca de esto, él insistía que la gente me estaba respondiendo a mí, pero le aseguré que había sido Inanna la que lo había cautivado durante cincuenta años, quien ahora los estaba cautivando a ellos. Para febrero de 1980, ya teníamos un editor vehemente y solidario. En marzo, Kramer me envió una traducción de “Los Me”. Entonces, un mes después, cuando Kramer me mostró las traducciones académicas de Reisman de los himnos, comprendí de pronto que con el renacimiento de la diosa en el cielo, los textos formaban un solo relato: la historia de la vida de la diosa, desde su adolescencia hasta su madurez completa, como mujer y como diosa.

Al inicio, la tarea fue encontrar la forma escrita apropiada para los relatos de Inanna: intenté la prosa, forma que conozco mejor en la narración oral; pero me encontré continuamente regresando al verso. Después de seis meses de experimentación con diferentes formas para “El árbol Huluppu”, parecía haber una esencia invisible, irreductible en cada línea sumeria. Sólo si mantenía realmente la línea del verso sumerio podía tener la esperanza de expresar su misterio y su poder.

Por más de dos años trabajé en los textos que me dio Kramer. En mis visitas le preguntaba: ¿Qué quiere decir esta palabra? ¿Esta frase? ¿Podría expresarlo en palabras inglesas distintas? ¿Qué significaba literalmente en sumerio? Había veces que podía responder a mis preguntas. Otras, aventaba las manos y decía : “No importa cuántas veces me hagas la misma pregunta, aún no sé.”

Con el consentimiento de Kramer, recurrí a los escritos de Thorkild Jacobsen en busca de ideas y palabras alternativas. Consulté las traducciones de los alumnos de Kramer para ampliar las posibilidades en secciones enigmáticas. Condensé secciones, añadí y edité siempre con la idea de un “relato” en mente. Durante el primer año, soñaba estar en una enorme pradera verde, con la tarea de limpiarla hoja por hoja.

Al pensar en el libro, sentía que era esencial usar el arte de Sumeria y áreas circundantes para ilustrar el texto. Elizabeth Williams-Forte me ofreció su guía experta y alentadora para encontrar y seleccionar las obras de arte apropiadas. Pasamos juntas muchas horas maravillosas en la discusión y elección de los sellos cilíndricos, las esculturas de terracota que parecían expresar mejor los estados de ánimo y el sentido de los relatos.

Después de los primeros nueve meses de leer todo lo que pude encontrar acerca de la literatura, la cultura y la historia sumeria, en pláticas con Kramer, trabajando y retrabajando cada línea, decidí que tenía que llevar el relato por segunda vez a una audiencia. Hice arreglos para contar el Ciclo de Inanna en la Conferencia Robert Bly sobre la Diosa madre, en Maine en junio de 1980. Pero la idea de contar estos relatos a gente extraña me impulsó a retrabajar el texto una vez más. De hecho, cada vez que he narrado a Inanna he retrabajado el texto al darme cuenta que expresiones como “días de antaño” o “Yo, la Doncella” matarían inmediatamente la receptividad de la audiencia.

A partir de la narración han llegado al manuscrito cambios adicionales. A la audiencia le era difícil retener más de un nombre extranjero y seguir al mismo tiempo el flujo del relato. Por este motivo decidí usar epítetos ingleses para acompañar los nombres de los caracteres como van apareciendo. También traté de minimizar el uso de nombres de lugares y epítetos sumerios. Aun así, conservé palabras tales como kur, me, sukkal y abzu, porque son conceptos metafísicos que me parecen intrínsecos al pensamiento sumerio; y con el tiempo, espero, puedan llegar a enriquecer nuestro pensamiento y nuestro lenguaje.

Mi propósito ha sido mantenerme lo más cerca posible del poder, la maravilla y el misterio contenidos en los textos sumerios, y volver accesibles y apasionantes los relatos. Por este motivo, he eliminado mucha repetición. Pero, he retenido tanta repetición y estructura gramatical sumeria como el flujo del relato me lo permitiera (por ejemplo, el paralelismo progresivo de tres partes, como en él – padre – Enki). Cuando hay una interrupción en el texto, uso elipsis. Cuando cierta sección parece demandar aclaración, a menudo porque se interrumpe en un punto crucial, he usado paréntesis para indicar que son mis propias palabras.

Aquí, entonces, está el Ciclo de Inanna. En “El árbol Huluppu”, aparece ante nosotros como una joven mujer en busca de su identidad femenina. En “Inanna y el Dios de la Sabiduría”, obtiene su realeza. En “El Cortejo de Inanna y Dumuzi” ella elige al pastor Dumuzi como amante, esposo y rey de Sumeria. En “El Descenso de Inanna”, Inanna parte rumbo al inframundo y se le permite regresar del Gran Abajo sólo a condición de que elija un sustituto. En la última sección del ciclo, los “Siete Himnos a Inanna”, Inanna es saludada y amada en sus muchos aspectos.

El escriba de Inanna, Samuel Noah Kramer, me dio sus palabras. Las he cantado lo mejor que he podido. Ahora, se las entregamos a ustedes.

  1. 1. Samuel Noah Kramer, From the Poetry of Summer, Berkeley: University of Berkeley Press, 1979, p. 71.
  2. 2. Samuel Noah Kramer, The Sacred Marriage Rite, Bloomington, Indiana: University of Indiana Press, 1969.
  3. 3. Robert Graves, La Diosa Blanca, Madrid: Alianza Editorial. 1996 p.500