Inanna

Reina del Cielo y de la Tierra

Historia

Sumeria, la tierra habitada por los antiguos sumerios, está situada en la mitad sureña del Irak moderno, en los valles aluviales de los ríos Tigris y el Eufrates, aproximadamente entre la Bagdad moderna y el Golfo Pérsico, en un área de alrededor de 10,000 millas cuadradas. Su clima es cálido y seco, su terreno arrasado por los vientos, no tiene minerales y cuenta con muy poca piedra y madera – una tierra sin esperanza, al parecer condenada a la pobreza y la desolación. Pero el pueblo sumerio fue talentoso, enérgico, innovador, con gran inventiva tecnológica y grandes recursos ideológicos, que con la ayuda de la irrigación y una visión relativamente pragmática acerca de la vida y sus misterios, convirtió a esta tierra pobre en un verdadero jardín del edén.

Fue en Sumeria donde se crearon los primeros centros urbanos, y fue en sus ciudades donde el sistema cuneiforme de escritura se desarrolló a lo largo de los siglos, para extenderse por todo el Cercano Oriente. Testimonio de ello son las tabletas cuneiformes recientemente descubiertas en la lejana Ebla al noroeste de Siria. Las ideas, técnicas y logros de los sumerios en las áreas de religión, educación, literatura y leyes dejaron una profunda impresión sobre sus vecinos, y hasta cierto punto, aun en la cultura del hombre occidental moderno. En más de un aspecto, Sumeria puede ser designada con justicia la “cuna de la civilización”.

Sumeria –o mejor dicho, la tierra que se conoció como Sumeria alrededor del año 3000 a.n.e.—fue colonizada por primera vez durante el quinto milenio a.n.e., por un pueblo que hablaba un lenguaje desconocido que ha dejado rastros en nombres de lugares y ocupaciones. Los arqueólogos actuales designan generalmente a este pueblo como ubaidianos, un nombre derivado de Ubaid, un antiguo tell o montículo, no lejos de la ciudad de Ur, donde se descubrieron los primeros restos arqueológicos de este pueblo. Fueron los ubaidianos quienes establecieron los asentamientos que gradualmente se desarrollaron como los grandes centros urbanos de Sumeria: Ur, Eridu, Adab, Isin, Larsa, Kullab-Uruk, Lagash, Nippur, Kish. Los ubaidianos fueron responsables de los avances culturales más tempranos: ellos fueron sus primeros agricultores, ganaderos, pescadores, tejedores, talabarteros, carpinteros, herreros, alfareros y albañiles. Pero los ubaidianos no permanecieron por mucho tiempo como el único grupo dominante de la región. A medida que sus asentamientos prosperaban y florecían, nómadas semíticos de las tierras desiertas de Siria y Arabia se fueron infiltrando e invadiendo. Fueron estos semitas los que llegaron a ser el grupo políticamente dominante. De acuerdo con la tradición sumeria posterior, la primera dinastía que reinó en Sumeria después del diluvio legendario, fue la de la ciudad de Kish en el norte, y muchos de sus mandatarios llevaban nombres semíticos.

Los sumerios, por otro lado, no llegaron a la zona sino hasta la segunda mitad del cuarto milenio a.n.e. La localización de su hogar original es desconocida; pero, puesto que el lenguaje sumerio es una lengua aglutinante como las de los pueblos turcos, es posible que haya sido en algún lugar en Asia sudcentral. También existe cierta evidencia de que en su camino hacia Mesopotamia del sur pudieran haberse asentado por un tiempo en Irán occidental. No importa de dónde provienen los sumerios, ni qué tipo de cultura trajeron consigo, lo cierto es que su llegada condujo a una extraordinaria fusión étnica y cultural con la población nativa que causó un brote creativo de gran importancia para la historia de la civilización.

En el curso de los siglos que siguieron, Sumeria alcanzó nuevas alturas de poder político y riqueza económica, y atestiguó algunos de sus logros más significativos en las artes y oficios, en la arquitectura monumental, en el pensamiento ético y religioso, en el mito, la épica y el himno oral. El lenguaje sumerio llegó a ser la lengua prevaleciente de la región; el sistema cuneiforme de escritura gradualmente se convirtió en una herramienta efectiva de comunicación; y se dieron los primeros pasos para la introducción de un sistema formal de educación.

La historia política sumeria está dominada por la institución de la monarquía. Originalmente, el poder político estaba en manos de ciudadanos libres y un gobernador de la ciudad conocido como el ensi, que no era más que un par entre sus pares. En casos de decisiones vitales para la comunidad, estos ciudadanos libres se reunían en una asamblea bicameral consistente en una cámara alta de “ancianos” y una cámara baja de jóvenes guerreros. A medida que las luchas entre las varias ciudades - estados sumerios se tornaban más violentas y más amargas, y a medida que se intensificaban las presiones de los pueblos bárbaros al este y al oeste, el liderazgo militar llegó a ser una necesidad urgente, y el rey – o como era conocido en sumerio, el lugal, “hombre grande” –ocupó el primer plano. Al principio, probablemente el rey era seleccionado y designado por la asamblea en momentos críticos para tareas militares específicas. Pero gradualmente la monarquía, con todos sus privilegios y prerrogativas, se volvió una institución hereditaria. El rey estableció un ejército regular con la carroza como principal arma ofensiva, y una infantería fuertemente armada que atacaba en formación de falange. Las victorias y conquistas sumerias se debieron en gran medida a su superioridad en armas militares, tácticas, organización y liderazgo.

El primer mandatario cuyos hechos están registrados, aunque sea en el más breve de los relatos, es un rey de Kish bajo el nombre de Etana, quien probablemente reinó al mero principio del tercer milenio a.n.e. En la “Lista de Reyes” sumeria – un documento escrito varios siglos después—se le describe como el “hombre que trajo estabilidad a todas las tierras”, así que se puede inferir que no sólo dominó a Sumeria, sino también a sus vecinos.

Con el tiempo, el poder de Kish disminuyó, y fue derrotado a manos de Uruk, una ciudad en Sumeria central. Algunos de los gobernantes de la dinastía de Uruk, hombres como Enmerkar, Lugalbanda, Gilgamesh, y tal vez Dumuzi, desempeñaron tan prodigiosos actos de valentía y conquista, que inspiraron a los bardos sumerios a componer poemas épicos característicos de lo que comúnmente se conoce como una edad heroica, como la de los griegos o los teutones mucho después. Pero a pesar de estos hechos de valentía y heroísmo, la dinastía de Uruk, también, llegó a un desastroso final: fue vencida por Mesannepadda, un ambicioso gobernante de Ur hambriento de poder . Ur era una ciudad en Sumeria del sur, que en tiempos bíblicos era conocida como Ur de los caldeos.

La amarga contienda tripartita por la dominación entre Kish, Uruk y Ur debilitaron tanto a Sumeria y menoscabaron su poderío militar de tal manera, que por un considerable período de tiempo cayó bajo dominio extranjero. Finalmente, cerca del inicio de la segunda mitad del tercer milenio (alrededor de 2350 a.n.e.), una ciudad de Sumeria sudoriental llamada Lagash, que no había jugado una parte políticamente significativa en los primeros tiempos, emergió como el poder dominante en la zona. La dinastía de Lagash duró menos de un siglo, y es memorable no tanto por sus logros políticos y militares, sino por sus archivistas y hombres de letras, quienes produjeron los primeros documentos históricos y sociológicos de importancia contemporánea en la historia registrada del hombre.

En los siglos que siguieron, Sumeria sufrió dos humillantes derrotas. La primera fue a manos de un gobernante semítico llamado Sargon, quien conquistó no sólo Sumeria, sino la mayor parte del Asia occidental. Estableció su capital en Agade (la Acadia bíblica), una ciudad no lejos de Kish, y Sumeria vino a ser conocida por el doble nombre de Sumeria -Acadia. Además, durante el reino de la dinastía acadia, la lengua semítica ahora generalmente designada como acadio, comenzó a rivalizar con el sumerio como lenguaje vivo de la región.

Naram-Sin, el nieto de Sargon, por algún motivo desconocido, atacó Nippur, la ciudad más sagrada de Sumeria, y desacró y expolió su templo más venerado. De acuerdo con los mitógrafos sumerios posteriores, este acto sacrílego guió a Sumeria a un segundo desastre: fue invadida y desolada por los gutianos, un pueblo bárbaro que habitaba en las montañas de Irán occidental. La comunicación por tierra o por mar llegó a ser imposible a través de toda Sumeria y el hambre destruyó al país y a su pueblo.

Hacia el final de este desastroso y humillante período, la ciudad de Lagash surgió nuevamente como fuerza política, bajo el mando de un extraordinario y piadoso ensi llamado Gudea. Un considerable número de estatuas inscritas de este mandatario, originalmente erigidas en los templos de Lagash y desenterradas por excavadores franceses, han hecho de Gudea el rostro sumerio mejor conocido para el mundo moderno. El origen y la extensión de su poder político son aun desconocidos, pero sus inscripciones indican que tenía contratos de comercio virtualmente con todo el mundo conocido de la época. Obtenía oro de Anatolia y de Egipto, plata de los Taurus, cedros de Amanus, cobre de las cordilleras Zagros, diorita de Etiopía y madera de construcción del aún no identificado país de Dilmun.

Poco tiempo después del reinado de Gudea, Sumeria se liberó del yugo gutio, y un rey llamado Ur – Nammu fundó una dinastía en la ciudad de Ur, la así llamada Tercera Dinastía de Ur (aproximadamente 2050 – 1950 a.n.e.), que prometía un renacimiento impresionante. Ur – Nammu era no sólo un líder militar enérgico y capaz, sino también un sobresaliente legislador y un reformador social. Promulgó el primer código legislativo en la historia registrada, un documento en cuyo preámbulo se jacta de que él, Ur – Nammu, depuso a los “cinceladores” y a los traficantes del país, estableció y reguló pesos y medidas, y supervisó para que “el huérfano no caiga presa del rico, que la viuda no caiga presa del poderoso, que el hombre de un shekel 1 no caiga presa del hombre de una mina 2.”

A Ur – Nammu lo siguió en el trono su hijo Shulgi, que resultó ser uno de los más ilustres y distinguidos reyes de la antigüedad. Fue un líder militar sobresaliente, un administrador puntilloso, un constructor enérgico y un pródigo patrón de las artes, particularmente de la literatura y de la música. Pretendía haber establecido importantes escuelas sumerias en Nippur y en Ur. Los poetas y hombres de letras sumerios se excedieron componiendo himnos de exaltación y glorificación en su honor, y en ellos se le describe como una combinación de sabio, soldado, deportista, adivinador, diplomático, patrón de la enseñanza; un rey feliz, optimista, que proveía todas las cosas buenas para el país y su pueblo.

Shulgi reinó cerca de medio siglo. Lo siguieron en el trono por sus dos hijos, que reinaron nueve años cada uno, y apenas lograron mantener la nación unida e independiente. Cuando el nieto de Shulgi, el piadoso y confiado Ibbi–Sin, llegó al trono, se encontró bajo el ataque de los elamitas y de los amoritas nómadas del oeste, y fue traicionado por sus propios gobernadores y generales. Finalmente, en el año veinticinco de su reinado, los elamitas atacaron y destruyeron Ur, llevándose a su rey en cautiverio. La catástrofe causó una impresión indeleble en los poetas sumerios, quienes a través de los años compusieron una serie completa de lamentos luctuosos deplorando el amargo y cruel destino que cayó sobre su tierra y sobre su pueblo.

Durante los siglos que siguieron a la caída de Ur resurgió la amarga contienda tripartita por el dominio de la región, esta vez entre las ciudades de Isin, Larsa y Babilonia. Finalmente, alrededor de 1750 a.n.e., Hammurabi, rey de Babilonia, venció a Rin –Sin, rey de Larsa, y emergió como la única autoridad de Sumeria – Acadia. Se puede decir que esta fecha marca el fin de Sumeria y el principio de Babilonia. Por este tiempo, el pueblo sumerio, es decir, la gente que hablaba la lengua sumeria, estaba virtualmente extinto y los semitas tenían pleno control. Los reyes eran todos semitas, y el idioma hablado era ahora el acadio semítico. La cultura como un todo, sin embargo, permanecía predominantemente sumeria en forma y contenido, y las escuelas y academias del país continuaron usando el lenguaje sumerio y su literatura como base de su currículo a lo largo del milenio.

  1. 1. un peso
  2. 2. sesenta shekel