Cantos e himnos de Sumeria

DIANE WOLKSTEIN Y SAMUEL NOAH KRAMER
Traducción Ofelia Iszaevich

Anexos

Material anexo e introductorio a la obra

Ficha bibliográfica

Ficha bibliográfica

Árbol genealógico de Inanna

Árbol genealógico de Inanna

Las historias de este ciclo expresan una amalgama de creencias religiosas y políticas de los sumerios y acadios, que retroceden por lo menos mil años a la unificación de Sumeria bajo un estado. Durante el tercer milenio a.n.e., hubo intentos periódicos de unificar las varias ciudades - estados de Sumeria y Acadia; con la centralización política creciente se dio un movimiento concurrente con el fin de unir los múltiples dioses y diosas locales en un solo panteón.

En el Ciclo de Inanna, encontramos aspectos del Dumuzi sumerio temprano así como un Dumuzi acadio posterior, más politizado. El Dumuzi sumerio, que proviene de la zona más tradicional y agrícola de Sumeria del sur, Eridu, enfatizaba el orden (los me), y está caracterizado como la fuerza en el grano y como amante sacerdotal y servidor de Inanna, la diosa de la Fertilidad. El Dumuzi acadio surge de los pueblos nómadas del norte que enfatizan la voluntad arbitraria y el poder de los dioses. Está caracterizado como el pastor, el toro astral celeste y el rey que tiene poderes “como de dios”. Inanna, también por su epíteto de Reina del Cielo y de la Tierra, incluía la multitud de diosas de los cultos locales y combinaba las tempranas diosas de la fertilidad, más pacíficas, con los atributos de la más directa y agresiva Diosa del Amor.

A pesar de que en otras leyendas y relatos de las divinidades y héroes sumerios pudieron tener diferentes relaciones entre sí, con el propósito de aclaración, el árbol genealógico en la siguiente página indica las relaciones de las divinidades entre ellos dentro del contexto de estos relatos.

Mapa de Sumeria

Mapa de Sumeria

Prefacio

Por Samuel Noah Kramer

Este libro es un ejemplo gráfico de una cooperación efectiva entre dos especialistas que trabajan en áreas contrastantes aunque complementarias de la investigación humanística: una folklorista que ha coleccionado y registrado cuentos, leyendas y canciones de las sociedades modernas y contemporáneas, y un cuneiformista que ha dedicado toda su carrera académica a la restauración y traducción de cuentos escritos, leyendas y canciones de los antiguos sumerios.

Los relatos, cantos y leyendas sumerios son parte de una vasta literatura inscrita en tabletas y fragmentos de arcilla dispersos por los museos a través del mundo. Sus contenidos, que datan del 2000 a.n.e., están ahora en proceso de ser descifrados, traducidos e interpretados por un pequeño grupo internacional de académicos; gradualmente, están siendo asequibles, de una manera o de otra, al mundo en general. Inscritos en estas tabletas y fragmentos, hay cientos de composiciones (seis mil en total) – mitos, relatos épicos, himnos, salmos, canciones de amor, lamentos, ensayos, discusiones, proverbios, fábulas – que constituyen un tesoro comparativo, fuente para el historiador de literatura y religión, para el estudioso de la Biblia y de los clásicos, y (como este libro lo demuestra) para el folklorista y el antropólogo cultural.

La meta principal de la selección presentada aquí es la de dar al lector un retrato auténtico de la deidad sumeria más reverenciada y amada, la diosa Inanna. Para compilar esta colección, primero revisé los documentos literarios sumerios existentes, que había descifrado y traducido durante las décadas, en búsqueda de las composiciones relevantes sobre Inanna. Después, con la ayuda de las más recientes contribuciones de colegas sumeriólogos, puse las traducciones al día. Finalmente, entregué los relatos a Diane Wolkstein, quien procedió a arreglar, combinar y moldear su contenido en bruto de manera que lo tornara vivo y significativo a los lectores modernos.

Como talentosa narradora oral y folklorista profesional, Diane Wolkstein llevó a cabo su delicada labor con originalidad, ingenuidad y sensibilidad. Eliminó repeticiones confusas, añadió palabras y líneas explicativas cuando era conveniente, restauró un pasaje interrumpido cuando era posible, y urdió diestramente los textos de poemas numerosos relacionados en un todo unificador. Diane Wolkstein logró recrear un grupo importante de relatos y cantos más bien esotéricos, borrados hace mucho de la memoria del hombre, de una manera que es a la vez imaginativa y evocadora, atractiva y encantadora.

Introducción

Por Diane Wolkstein
Inanna fue un regalo de cumpleaños – y más. En la primavera de 1979 fui invitada por Priscilla Moulton a presentar un programa en el Simmons College en Boston para el noviembre siguiente. Como la fecha caía en la semana de mi cumpleaños y el programa estaba abierto a mi elección, decidí que ésta era la ocasión que había estado esperando.

Durante años había querido contar el relato de la Diosa de la Luna, Diana. No sólo soy su homónima, sino que en su aspecto cíclico, la Diosa de la Luna es un símbolo de identificación para las mujeres. Y todos, tanto hombres como mujeres, hace tiempo tenemos necesidad de un relato “grandioso” sobre una mujer – como inspiración, guía y modelo – para nosotros así como para nuestros hijos.

Para mi sorpresa, cuatro meses de investigación sobre las diosas de la luna sólo resultaron en pedacitos dispersos. El relato más completo de la diosa es el de Démeter; pero el cuento gira alrededor del aspecto de madre – hija de la diosa, y yo quería contar un cuento acerca de la diosa en todos sus aspectos. ¿Adónde lo iba a encontrar?

Observar las estatuas de las diosas en los museos y leer acerca de su impacto en libros de mitología y religión era sólo un principio. Como narradora oral, para conocerla realmente, tenía que oírla hablar. Tenía que encontrar a la diosa en relación con otros. Para encontrarla, tenía que encontrar su texto.

Me metí en las antologías del mundo, en busca de los nombres de las diosas de la luna: Ishtar, Mari, Diana, Isis, Hécate, Pasifae, Selene, Brigit, Cybele, la Shejiná, Lilith, Perséfone, Inanna...la busqué por nombre, y finalmente encontré una mención a ella y a sus relatos en el libro más reciente de Samuel Noah Kramer, From the poetry of Summer. En este libro, Kramer describe a la diosa de la primera civilización de la que tenemos textos: “Las deidades femeninas fueron veneradas y adoradas a través de toda la historia sumeria... pero la diosa que dominó, eclipsó y sobrevivió a todas fue una deidad conocida por los sumerios por el nombre de Inanna, ‘Reina del Cielo’, y a los semitas que vivían en Sumeria por el nombre de Ishtar. Inanna representó un papel más importante en los mitos, en las épicas y los himnos que cualquier otra deidad, masculina o femenina” 1.

En el libro de Kramer The Sacred Marriage Rite2, encontré los diversos poemas acerca de la joven y terrenal Inanna y el relato del descenso de la Inanna madura al inframundo. Leí el descenso de Inanna una y otra vez. Me sentía atraída por el relato de la mujer que entrega, en siete portones sucesivos, todo lo que ha logrado en la vida, hasta quedar despojada y desnuda, sin nada fuera de su voluntad por renacer.

A pesar de que se encontraba fragmentado, el relato de Inanna, según lo comenzaba a percibir, seguía el mismo patrón que el de la arquetípica Diosa de la Luna: La joven mujer que es cortejada; la mujer madura que goza de sus poderes femeninos y ofrece generosamente su gracia; y la mujer mayor que encuentra la muerte en el inframundo. En La Diosa Blanca, Robert Graves conjetura acerca del aspecto celestial de la Triple Diosa, “Como Diosa Celeste, ella era la luna... como la Luna Nueva o Primavera, ella era niña; como la Luna Llena o Verano ella era mujer; como la Luna Vieja ella era arpía.....”3

En sumerio, Inanna significa literalmente “Reina del Cielo”, y era denominada tanto “La primogénita de la Luna” como “La Estrella de la Mañana y del Atardecer” (el planeta Venus). Además, en la mitología sumeria, era conocida como Reina del Cielo y de la Tierra, y era responsable del crecimiento de las plantas y animales y de la fertilidad en el género humano. Más aún, por motivo de su viaje al inframundo, se revistió de los poderes y misterios de la muerte y el renacimiento, emergiendo no sólo como una diosa celeste o lunar, sino como la diosa que gobierna el cielo, la tierra y el inframundo. Aquí estaba la diosa en todos sus aspectos. Aquí estaba mi relato.

Pero mientras preparaba el relato para su presentación, uniendo las diferentes secciones, había muchos resquicios y signos de interrogación en el texto, a menudo en los pasajes más cruciales, y yo me preguntaba el significado de muchas palabras – literalmente. Mi amiga Susan Bergholz, hace largo tiempo sumeriófila, sugirió que telefoneara a la fuente: Samuel Noah Kramer, quien había descifrado el texto.

“¿Así es que amas a Inanna?” dijo Kramer, contestando él mismo el teléfono. “Bueno, entonces ven a verme”. El estaría dando una Cátedra Jayne sobre Inanna en la Sociedad Filosófica de Filadelfia en dos días, y ¿por qué no venía entonces?

Llegué ansiosa y llena de preguntas:

“En la primera línea de ‘El Descenso de Inanna’ dice: ‘Desde el Gran Arriba ella dirigió su mente al Gran Abajo,’ ¿qué quiere decir exactamente ‘mente’?”
“Oído”, dijo Kramer.
“¿Oído?”
“Sí, en sumerio la palabra para oído y para sabiduría son la misma. Pero es mente a lo que se refiere”.
“Pero -- ¿yo podría decir ‘oído’?”
“Bueno, podrías”.
“¿Es abrió su oído o dirigió su oído?”
“Puso. Puso su oído, como un burro que dirige su oído a un sonido particular?”

Mientras Kramer hablaba, me recorrió un escalofrío. Si se tomaba literalmente, el texto anunciaba la dirección del relato: Desde el Gran Arriba la diosa dirigió su oído, su receptor de sabiduría, al Gran Abajo.

Mientras estos pensamientos estaban atravesando mi mente, Kramer miró la forma que le había dado a sus textos y dijo que si yo pudiera encontrar un editor consideraría la posibilidad de que colaboráramos en una publicación conjunta. Yo había leído el relato de “Inanna y el árbol Huluppu”, y le pregunté a Kramer si había otros relatos que estuvieran intactos. El mencionó “Inanna y Enki: la Transferencia de las artes de la civilización de Eridu a Erech”, pero dijo que aún no había sido completamente traducido al inglés.

En noviembre de 1979 conté “El Cortejo” y “El Descenso de Inanna” en el Simmons College a una audiencia atónita y sobrecogida. Cuando le conté a Kramer acerca de esto, él insistía que la gente me estaba respondiendo a mí, pero le aseguré que había sido Inanna la que lo había cautivado durante cincuenta años, quien ahora los estaba cautivando a ellos. Para febrero de 1980, ya teníamos un editor vehemente y solidario. En marzo, Kramer me envió una traducción de “Los Me”. Entonces, un mes después, cuando Kramer me mostró las traducciones académicas de Reisman de los himnos, comprendí de pronto que con el renacimiento de la diosa en el cielo, los textos formaban un solo relato: la historia de la vida de la diosa, desde su adolescencia hasta su madurez completa, como mujer y como diosa.

Al inicio, la tarea fue encontrar la forma escrita apropiada para los relatos de Inanna: intenté la prosa, forma que conozco mejor en la narración oral; pero me encontré continuamente regresando al verso. Después de seis meses de experimentación con diferentes formas para “El árbol Huluppu”, parecía haber una esencia invisible, irreductible en cada línea sumeria. Sólo si mantenía realmente la línea del verso sumerio podía tener la esperanza de expresar su misterio y su poder.

Por más de dos años trabajé en los textos que me dio Kramer. En mis visitas le preguntaba: ¿Qué quiere decir esta palabra? ¿Esta frase? ¿Podría expresarlo en palabras inglesas distintas? ¿Qué significaba literalmente en sumerio? Había veces que podía responder a mis preguntas. Otras, aventaba las manos y decía : “No importa cuántas veces me hagas la misma pregunta, aún no sé.”

Con el consentimiento de Kramer, recurrí a los escritos de Thorkild Jacobsen en busca de ideas y palabras alternativas. Consulté las traducciones de los alumnos de Kramer para ampliar las posibilidades en secciones enigmáticas. Condensé secciones, añadí y edité siempre con la idea de un “relato” en mente. Durante el primer año, soñaba estar en una enorme pradera verde, con la tarea de limpiarla hoja por hoja.

Al pensar en el libro, sentía que era esencial usar el arte de Sumeria y áreas circundantes para ilustrar el texto. Elizabeth Williams-Forte me ofreció su guía experta y alentadora para encontrar y seleccionar las obras de arte apropiadas. Pasamos juntas muchas horas maravillosas en la discusión y elección de los sellos cilíndricos, las esculturas de terracota que parecían expresar mejor los estados de ánimo y el sentido de los relatos.

Después de los primeros nueve meses de leer todo lo que pude encontrar acerca de la literatura, la cultura y la historia sumeria, en pláticas con Kramer, trabajando y retrabajando cada línea, decidí que tenía que llevar el relato por segunda vez a una audiencia. Hice arreglos para contar el Ciclo de Inanna en la Conferencia Robert Bly sobre la Diosa madre, en Maine en junio de 1980. Pero la idea de contar estos relatos a gente extraña me impulsó a retrabajar el texto una vez más. De hecho, cada vez que he narrado a Inanna he retrabajado el texto al darme cuenta que expresiones como “días de antaño” o “Yo, la Doncella” matarían inmediatamente la receptividad de la audiencia.

A partir de la narración han llegado al manuscrito cambios adicionales. A la audiencia le era difícil retener más de un nombre extranjero y seguir al mismo tiempo el flujo del relato. Por este motivo decidí usar epítetos ingleses para acompañar los nombres de los caracteres como van apareciendo. También traté de minimizar el uso de nombres de lugares y epítetos sumerios. Aun así, conservé palabras tales como kur, me, sukkal y abzu, porque son conceptos metafísicos que me parecen intrínsecos al pensamiento sumerio; y con el tiempo, espero, puedan llegar a enriquecer nuestro pensamiento y nuestro lenguaje.

Mi propósito ha sido mantenerme lo más cerca posible del poder, la maravilla y el misterio contenidos en los textos sumerios, y volver accesibles y apasionantes los relatos. Por este motivo, he eliminado mucha repetición. Pero, he retenido tanta repetición y estructura gramatical sumeria como el flujo del relato me lo permitiera (por ejemplo, el paralelismo progresivo de tres partes, como en él – padre – Enki). Cuando hay una interrupción en el texto, uso elipsis. Cuando cierta sección parece demandar aclaración, a menudo porque se interrumpe en un punto crucial, he usado paréntesis para indicar que son mis propias palabras.

Aquí, entonces, está el Ciclo de Inanna. En “El árbol Huluppu”, aparece ante nosotros como una joven mujer en busca de su identidad femenina. En “Inanna y el Dios de la Sabiduría”, obtiene su realeza. En “El Cortejo de Inanna y Dumuzi” ella elige al pastor Dumuzi como amante, esposo y rey de Sumeria. En “El Descenso de Inanna”, Inanna parte rumbo al inframundo y se le permite regresar del Gran Abajo sólo a condición de que elija un sustituto. En la última sección del ciclo, los “Siete Himnos a Inanna”, Inanna es saludada y amada en sus muchos aspectos.

El escriba de Inanna, Samuel Noah Kramer, me dio sus palabras. Las he cantado lo mejor que he podido. Ahora, se las entregamos a ustedes.

  1. 1. Samuel Noah Kramer, From the Poetry of Summer, Berkeley: University of Berkeley Press, 1979, p. 71.
  2. 2. Samuel Noah Kramer, The Sacred Marriage Rite, Bloomington, Indiana: University of Indiana Press, 1969.
  3. 3. Robert Graves, La Diosa Blanca, Madrid: Alianza Editorial. 1996 p.500

El árbol Huluppu

El árbol Huluppu 1

En los primeros días, en los muy primeros días,
En las primeras noches, en las muy primeras noches,
En los primeros años, en los muy primeros años,

En los primeros días cuando todo lo necesario fue creado
En los primeros días cuando todo lo necesario fue bien nutrido
Cuando el pan se horneaba en los santuarios de la tierra,
Y era saboreado en los hogares de la tierra,
Cuando el cielo se alejó de la tierra,
Y la tierra se hubo separado del cielo,
Y el nombre del hombre fue elegido;
Cuando el Dios del Firmamento, An, retiró los cielos,
Y el Dios del Aire, Enlil, retiró la tierra,
Cuando la Reina del Gran Abajo, Ereshkigal, recibió por heredad el inframundo,

Él zarpó; el Padre zarpó,
Enki, el Dios de la Sabiduría, zarpó hacia el inframundo.
Pequeños guijarros de viento fueron lanzados contra él;
Granizos enormes
Como embestida de tortugas,
Atacaron la quilla del barco de Enki.
Las aguas del mar devoraron la proa de su barco como lobos;
Las aguas del mar golpearon la popa de su barco como leones.

En ese momento, un árbol, un árbol único, un árbol huluppu (tal vez sauce)
Fue plantado en las riberas del Eufrates.
Un árbol nutrido por las aguas del Eufrates.
Se elevó un remolino del viento sur y lo arrancó de sus raíces
Y desgarró sus ramas
Hasta que se lo llevaron las aguas del Eufrates.

Una mujer que obraba con reverencia a la palabra de An, el Dios del Firmamento,
Que reverenciaba la palabra de Enlil, el Dios del Aire,
Recogió el árbol del río y dijo:

“Yo llevaré este árbol a Uruk.
Yo plantaré este árbol en mi jardín sagrado.”

Inanna cuidó del árbol con su mano.
Asentó con su pie la tierra alrededor del árbol.
Se preguntaba:

“¿Cuánto tiempo pasará hasta que tenga un trono brillante donde sentarme?
¿Cuánto tiempo pasará hasta que tenga un lecho brillante donde acostarme?”

Los años pasaron; cinco, luego diez.
El árbol engrosó,
Pero su corteza no se hendió.
Entonces una serpiente que no podía ser hechizada
Hizo su nido en las raíces del árbol huluppu.
El ave Anzu puso a sus pequeños en las ramas del árbol.
Y la obscura doncella Lilith hizo su hogar en el tronco.

Lloró la joven mujer a quien le gustaba reír.
¡Cómo lloró Inanna!
(Sin embargo, ellos no abandonaban su árbol).

Cuando los pájaros comenzaron a cantar a la llegada de la aurora,
El Dios del Sol, Utu, dejó su cámara real.
Inanna llamó a su hermano Utu, diciendo:

“O Utu, en los días en que los destinos fueron decretados,
Cuando la abundancia se desbordaba sobre la tierra,
Cuando el Dios del Firmamento tomó los cielos y el Dios del Aire la tierra,
Cuando el Gran Abajo fue dado a Ereshkigal por heredad,
El padre Enki, el Dios de la Sabiduría, zarpó hacia el inframundo,
Y el inframundo se levantó y lo atacó...
En ese tiempo, un árbol, un único árbol, un árbol huluppu
Fue plantado en las riberas del Eufrates.
El Viento del Sur arrancó sus raíces y desgarró sus ramas
Hasta que se lo llevaron las aguas del Eufrates.
Recogí el árbol del río;
Lo traje a mi jardín sagrado.
Cuidé del árbol, en espera de mi trono y de mi lecho brillantes.

Entonces hizo su nido en las raíces del árbol
Una serpiente que no puede ser hechizada
El ave Anzu puso a sus pequeños en las ramas del árbol,
Y la obscura doncella Lilith hizo su casa en el tronco.
Lloré.
¡Cómo lloré!
(Pero ellos no abandonaban mi árbol)”.

Utu, el valiente guerrero, Utu,
No quiere ayudar a su hermana, Inanna.

Cuando los pájaros comenzaron a cantar a la llegada de la segunda aurora,
Inanna llamó a su hermano Gilgamesh, diciendo:

“O Gilgamesh, en los días cuando los destinos fueron decretados,
Cuando la abundancia se derramaba en Sumeria,
Cuando el Dios del Firmamento tomó los cielos y el Dios del Aire tomó la tierra,
Cuando Ereshkigal recibió el Gran Abajo como su heredad,
El padre Enki, Dios de la Sabiduría, zarpó hacia el inframundo,
Y el inframundo se levantó y lo atacó.
En ese tiempo, un árbol, un árbol único, un árbol huluppu
Fue plantado en las riberas del Eufrates.
El Viento del Sur arrancó sus raíces y desgarró sus ramas
Hasta que las aguas del Eufrates se lo llevaron.
Yo recogí el árbol del río;
Yo lo traje a mi jardín sagrado.
Yo cuidé del árbol, en espera de mi trono y mi lecho brillantes.

Entonces hizo su nido en las raíces del árbol,
Una serpiente que no puede ser hechizada
El ave Anzu puso a sus pequeños en las ramas del árbol,
Y la obscura doncella Lilith construyó su casa en el tronco.
Lloré.
¡Cómo lloré!
(Pero ellos no abandonaban mi árbol.)”

Gilgamesh el guerrero valiente, Gilgamesh,
El héroe de Uruk, ayudó a Inanna.
Gilgamesh abrochó su armadura de cincuenta minas 2 alrededor de su pecho.
Las cincuenta minas le pesaban tan poco como cincuenta plumas.
Levantó su hacha de bronce, su hacha del camino,
Que pesa siete talentos y siete minas 3, sobre su hombro.
Entró al sagrado jardín de Inanna.

Gilgamesh golpeó a la serpiente que no podía ser hechizada.
El ave Anzu voló con sus pequeños a las montañas;
Y Lilith destruyó su casa y huyó a los lugares inhabitables y salvajes.
Entonces Gilgamesh aflojó las raíces del árbol huluppu;
Y le cortaron las ramas los hijos de la ciudad, que lo acompañaban.

Del tronco del árbol talló un trono para su hermana sagrada.
Del tronco del árbol Gilgamesh talló un lecho para Inanna.
De las raíces del árbol ella formó un pukku para su hermano.
De la corona del árbol formó un mikku para Gilgamesh,
El héroe de Uruk. 4

  1. 1. N. del T. Tal vez sauce
  2. 2. una mina = 60 shekel, un shekel es una medida de peso
  3. 3. 225 kg.
  4. 4. emblemas de realeza

Inanna y el dios de la sabiduría

Inanna colocó la shugurra, la corona de la llanura, sobre su cabeza.
Fue al corral, con el pastor de ovejas.
Se recargó contra un manzano.
Al recargarse contra el manzano, su vulva era maravillosa de contemplar.
Regocijándose, la joven mujer Inanna aplaudió.

Se dijo:

“Yo, la Reina del Cielo, he de visitar al Dios de la Sabiduría.
He de ir al Abzu, al lugar sagrado en Eridu.
He de honrar a Enki, el Dios de la Sabiduría, en Eridu.
He de pronunciar una plegaria en las profundas aguas dulces.”

Inanna partió sola.
Cuando llegó cerca del Abzu 1
Él, cuyos oídos están ampliamente abiertos,
Él, que conoce los me 2, las leyes sagradas del cielo y de la tierra,
Enki, el Dios de la Sabiduría, el que sabe todas las cosas,
Llamó a su sirviente, Isimud:

“Ven, mi sukkal 3,
La joven está por entrar al Abzu.
Cuando Inanna entre al recinto sagrado
Dale pastel de mantequilla para que coma
Vierte agua fría para refrescar su corazón.
Ofrécele cerveza ante la estatua del león.
Trátala como a un igual.
Saluda a Inanna en la mesa sagrada, en la mesa celestial.”

Isimud obedeció las palabras de Enki.
Cuando Inanna entró en el Abzu,
Le dio pastel de mantequilla para comer.
Vertió agua fría para que bebiera.
Le ofreció cerveza ante la estatua del león.
La trató con respeto.
Saludó a Inanna en la mesa sagrada, en la mesa celestial.
Enki e Inanna bebieron cerveza juntos.
Juntos bebieron más cerveza.
Juntos bebieron más y más cerveza.
Con sus vasos de bronce llenos hasta desbordarse,
Con los vasos de Urash, Madre de la Tierra,
Brindaron uno por la otra, se desafiaron uno a la otra.

Enki, intoxicado por la bebida, brindó por Inanna:

“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi altar sagrado!
Daré a mi hija Inanna
¡El alto sacerdocio! ¡La Divinidad!
¡La corona noble y permanente! ¡El trono de la realeza!

Inanna respondió:

“¡Los acepto!”

Enki levantó su copa y brindó por Inanna una segunda vez:

“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi recinto sagrado!
Daré a mi hija Inanna
¡La Verdad!
¡El descenso al inframundo! ¡El ascenso del inframundo!
¡El arte de hacer el amor! ¡El beso del falo!

Inanna respondió:

“¡Los acepto!”

Enki levantó su copa y brindó por Inanna una tercera vez:

“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi recinto sagrado!
Daré a mi hija Inanna
¡El sacerdocio sagrado del cielo!
¡La exaltación de las lamentaciones! ¡El regocijo del corazón!
¡La capacidad de juzgar! ¡La toma de decisiones!”

Inanna respondió:

“Los acepto”

(Catorce veces Enki levantó su copa por Inanna.
Catorce veces le ofreció a su hija cinco me, seis me, siete me.
Catorce veces Inanna aceptó los me sagrados.)
Entonces Inanna, de acuerdo con su padre,
Confirmó los me que Enki le había dado:

“Mi padre me ha dado los me:
Me ha dado el alto sacerdocio

la divinidad.
la corona noble y permanente.
el trono de la realeza.

Me ha dado el noble cetro.

el bastón de mando.
el patrón sagrado para medir y la línea.
el alto trono.
el pastoreo.
la majestad.

Me ha dado la princesa sacerdotisa.

la divina reina sacerdotisa.
el sacerdote de los encantamientos.
al sacerdote noble.
al sacerdote de las libaciones.

Me ha dado la verdad.

el descenso al inframundo.
el ascenso del inframundo
la Kurgarra 4.

Me ha dado la daga y la espada.

la vestimenta negra.
la vestimenta colorida.
la desatadura del cabello.
la atadura del cabello.

Me ha dado la norma.

el carcaj.

el arte de hacer el amor.
el beso del falo.

el arte de la prostitución.
el arte de favorecer.

Me ha dado el arte de la lengua honesta.

el arte de la lengua calumniante.
el arte de adornar el lenguaje.
a la prostituta de culto.

la taberna sagrada.

Me ha dado el altar sagrado.

la sagrada sacerdotisa celestial.
el resonante instrumento musical.
el arte del canto.
el arte del dignatario.

Me ha dado el arte del héroe.

el arte del poder.
el arte de la traición.
el arte de la integridad.
el saquear ciudades.
la exaltación de las lamentaciones.
el regocijo del corazón.

Me ha dado el engaño.

la tierra rebelde.
el arte de la benevolencia.
el viaje.
la morada segura.

Me ha dado el oficio del carpintero.

el oficio del calderero de cobre.
el oficio del escriba.
el oficio del herrero.
el oficio del talabartero.
el oficio del batanero.
el oficio del constructor.
el oficio del tejedor de juncos.

Me ha dado el oído perceptivo.

el poder de la atención.
los ritos sagrados de purificación.
el corral de forraje.
el apilar de los carbones calientes.
el redil.
el miedo.
la consternación.
la congoja.

Me ha dado al león, de amarga dentadura.

el encendido del fuego.
el apagar el fuego.
el brazo fatigado.
la familia allegada.
la procreación.

Me ha dado el enardecer la contienda.

la prudencia.
el consuelo del corazón.
la capacidad de juzgar.
la toma de decisiones.”

(Aun tambaleándose por la bebida) Enki habló a su sirviente Isimud:

“Mi sukkal, Isimud-------
La joven --- está por partir--- hacia Uruk.
Es mi deseo que llegue a su ciudad --- sin peligro.”

Inanna reunió todos los me.
Los me fueron colocados en la Barca Celestial.
El Barco Celestial, con los me sagrados, se alejó del muelle.
Cuando la cerveza salió de quien la bebió,
Cuando la cerveza salió del Padre Enki,
Cuando la cerveza salió del gran Dios de la Sabiduría,
Enki observó el Abzu.
Los ojos del Rey del Abzu examinaron a Eridu.
El Rey Enki observó a Eridu y llamó a su sirviente Isimud, diciendo:

“Mi sukkal, Isimud----“
“Mi rey, Enki, Estoy a tu servicio”
“¿El alto sacerdocio? ¿La Divinidad?
¿La corona noble y permanente?
¿Dónde están?”

“Mi rey las ha cedido a su hija.”

“¿El arte del héroe? ¿El arte del poder?
¿La traición? ¿El engaño?
¿Dónde están?”

“Mi rey los ha cedido a su hija”.

“¿El oído perceptivo? ¿El poder de la atención?
¿La toma de decisiones?
¿Dónde están?”

“Mi rey los ha cedido a su hija”.

(Catorce veces preguntó Enki a su sirviente Isimud;
Catorce veces Isimud respondió, diciendo:

“Mi rey los ha dado a su hija.
Mi rey ha dado todos los me a su hija Inanna.”)

Entonces Enki habló, y dijo:

“Isimud, ¿Dónde está ahora la Barca Celestial con los me sagrados?”

“La barca celestial está (a un embarcadero de distancia de Eridu).”

“¡Ve! Llévate a las criaturas enkum 5.
Haz que devuelvan la Barca Celestial a Eridu!”

Isimud le dijo a Inanna:

“Mi reina, tu padre me ha enviado a ti.
La palabras de tu padre son palabras de majestad.
No deben ser desobedecidas.”

Inanna respondió:

“¿Qué ha dicho mi padre?
¿Qué ha agregado Enki?
¿Cuáles son sus palabras de majestad que no deben ser desobedecidas?”

Isimud dijo:

“Mi rey ha dicho:
‘Deja que Inanna avance hacia Uruk;
Tráeme la Barca Celestial con los me sagrados de vuelta a Eridu.’ ”

Inanna lloró:

“¡Mi padre ha cambiado su palabra!
¡Ha violado su voto – ha roto su promesa!
¡Me habló mi padre con engaños!
Con dolo declaró:
‘¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi recinto sagrado!’
¡Te ha enviado a mi con engaños!”

Apenas había dicho Inanna estas palabras, cuando las criaturas enkum se apoderaron de la Barca Celestial.

Inanna llamó a su sirvienta Ninshubur, diciendo:

“¡Ven, Ninshubur, tu fuiste una vez Reina del Oriente;
Ahora eres la fiel sirvienta del recinto sagrado de Uruk.
El agua no ha tocado tu mano,
El agua no ha tocado tu pie.
Sukkal mía que me aconseja sabiamente,
Guerrera que lucha a mi lado,
Salva la Barca Celestial con los me sagrados!”

(Ninshubur tajó el aire con su mano.
Profirió un grito que destrozó la tierra.)
Las criaturas enkum fueron expulsadas de vuelta a Eridu.

Entonces Enki llama a su sirviente Isimud por segunda vez, diciendo:

“ Mi sukkal, Isimud----“

“Mi rey, Enki, estoy para servirte”

“¿Dónde está la Barca Celestial ahora?”

“Está (a dos embarcaderos de Eridu).”

“¡Ve! Lleva cincuenta gigantes uru,
Que ellos se lleven la Barca Celestial”.

Los cincuenta gigantes voladores uru se apropiaron de la Barca Celestial.
Pero Ninshubur la rescató para Inanna.

Enki llama a su sirviente Isimud por tercera vez, y dice:

“Mi sukkal, Isimud--- “

“Mi rey, Enki, estoy para servirte”

“¿Dónde está la Barca Celestial ahora?”

“Acaba de llegar a Dulma”.

“¡Rápido! Toma los cincuenta monstruos lahama 6
Haz que traigan la Barca Celestial.”

Los cincuenta monstruos lahama se apoderaron de la Barca Celestial.
Pero Ninshubur rescató la Barca para Inanna.

La cuarta vez Enki envió a los kugalgal, los del sonido penetrante.
La quinta Enki mandó a los enunun
Pero siempre Ninshubur rescataba la barca para Inanna.
Enki llamó a su sirviente Isimud por sexta vez, y dijo:

“ Mi sukkal, Isimud—“.

“Mi rey Enki, estoy a tu servicio.”

“¿Dónde está la Barca Celestial ahora?”

“Está por entrar a Uruk.”

“¡Rápido! Toma a los guardianes del canal Iturungal,
Haz que traigan la Barca Celestial.”

Isimud y los guardianes del canal Iturungal se apropiaron de la Barca Celestial,
Pero Ninshubur rescató la Barca para Inanna.

Entonces Ninshubur dijo a Inanna:

“Mi reina, cuando la Barca Celestial
Entre por el portal Nigulla a Uruk,
Haz que el agua fluya sobre nuestra ciudad;
Haz que los barcos de aguas profundas surquen con velocidad nuestros
canales.”

Inanna respondió a Ninshubur:

“El día que la Barca Celestial
Entre por el portal Nigulla a Uruk,
Haz que el agua profunda anegue las calles;
Y fluya sobre las veredas.
Haz que los ancianos den su consejo,
Las ancianas ofrezcan su consuelo del corazón.
Los jóvenes muestren el poder de sus armas;
Y que los niños pequeños rían y canten.
¡Haz que todo Uruk esté de fiesta!
Que con cánticos el alto sacerdote salude a la Barca Celestial.
Y profiera plegarias grandiosas.
Haz que el rey mate bueyes y borregos.
Que escancie cerveza en la copa.
Que resuenen el tambor y el pandero.
Que se toque la dulce música del tigi.
Que todos los confines proclamen mi noble nombre.
Y que mi gente cante mis alabanzas.

Y así fue,
El día que la Barca Celestial entró por el portal Nigulla a Uruk;
Las aguas profundas anegaron las calles;
Las aguas profundas fluyeron sobre las veredas.
La Barca Celestial llegó a puerto en el altar sagrado de Uruk;
La Barca Celestial llegó a puerto en la morada sagrada de Inanna.

Entonces Enki llamó a su sirviente Isimud por séptima vez, y dijo:

“Mi sukkal, Isimud---“

“Mi rey, Enki, estoy a tu servicio”

“¿Dónde está la Barca Celestial ahora?”

“La Barca Celestial está en el Muelle Blanco”

“¡Ve! Se maravillan de ella en el Muelle Blanco.
La reina ha despertado admiración en el Muelle Blanco.
Inanna maravilla con sus portentos en el Muelle Blanco por la Barca Celestial.”

Los me sagrados fueron descargados.
Mientras los me que Inanna recibió de Enki eran descargados,
Eran anunciados y presentados al pueblo de Sumeria.
Entonces más me aparecieron, más me de los que Enki había dado a Inanna.
Y estos, eran anunciados también,
Y estos, eran presentados también a la gente de Uruk:

“Inanna trajo los me:
El colocar la vestidura sobre el piso.
El halago.
El arte de las mujeres.
La ejecución perfecta de los me.
Los tambores tigi y lilis.
Los panderos ub-, meze-, y ala-....”

Inanna habló y dijo:

“Donde la Barca Celestial llegó a puerto,
Ese lugar será llamado el Muelle Blanco.
Donde los me sagrados fueron presentados,
Lo nombro el Muelle Lapislázuli”.

Entonces Enki habló a Inanna, y dijo:

“¡En nombre de mi poder! ¡En nombre de mi recinto sagrado!
Que los me que llevaste contigo permanezcan en el recinto sagrado de tu ciudad.
Que el alto sacerdote pase en cánticos sus días.
Que los ciudadanos de tu ciudad prosperen,
Que los niños de Uruk se regocijen.
El pueblo de Uruk es aliado del pueblo de Eridu.
Que la ciudad de Uruk sea restaurada a su gran posición.

  1. 1. lo profundo, altar sagrado
  2. 2. los atributos de la civilización
  3. 3. sirviente
  4. 4. plañidera profesional
  5. 5. espíritus protectores creados por Enki y colocados bajo los cimientos de Eridu
  6. 6. dragones

El noviazgo de Inanna y Dumuzi

El hermano habló a su hermana menor.
El Dios del Sol, Utu, habló a Inanna, y dijo:

“Joven dama, el lino en su plenitud es bello.
Inanna, el grano brilla en el surco.
Yo lo cavaré por ti. Yo te lo traeré.
Una pieza de lino, grande o pequeña, siempre es necesaria.
Inanna, Yo te la traeré.”

“Hermano, cuando me traigas el lino, ¿quién me lo rastrillará?”

“Hermana, te lo traeré rastrillado.”

“Utu, cuando me lo traigas rastrillado, ¿quién me lo hilará?”

“Hermana, te lo traeré hilado.”

“Hermano, cuando me traigas el lino hilado, ¿quién me lo trenzará?

“Hermana, te lo traeré trenzado.”

“Utu, cuando me lo traigas trenzado,
¿Quién me lo urdirá?”

“Inanna, te lo traeré urdido.”

“Utu, cuando me lo traigas urdido,
¿Quién me lo tejerá?”

“Hermana, te lo traeré tejido.”

“Utu, Cuando me lo traigas tejido,
¿Quién me lo blanqueará?”

“Inanna, te lo traeré blanqueado.”

“Hermano, cuando me traigas mi sábana nupcial,
¿Quién yacerá conmigo?
Utu, ¿quién yacerá conmigo?”

“Hermana, tu novio yacerá contigo.
El que ha nacido de un útero fértil,
Y fue concebido sobre el trono sagrado,
¡Dumuzi, el pastor! Él yacerá contigo.”

Inanna habló:

“¡No, hermano!
El hombre de mi corazón trabaja con el azadón.
¡El labrador! ¡Él es el hombre de mi corazón!
Recolecta el grano en grandes montones.
Siempre trae el grano a mis almacenes.

Utu habló:

“Hermana, desposa al pastor.
¿Por qué no quieres?
Su crema es buena; su leche es buena.
Todo lo que toca brilla con resplandor.
Inanna, desposa a Dumuzi.

Tú que te adornas con el collar de ágatas de la fertilidad,
¿Por qué no quieres?
Dumuzi compartirá su rica crema contigo.
Tú que pretendes ser protectora del rey,
¿Por qué no quieres?”

Inanna habló:

“¡El pastor! ¡No me casaré con el pastor!
Sus ropas son burdas; su lana es áspera,
Desposaré al labrador.
El labrador cultiva el lino para mis vestidos.
El labrador cultiva cebada para mi mesa.”

Dumuzi habló:

“¿Por qué hablas del labrador?
¿Por qué lo mencionas?
Si te da harina negra,
Yo te daré lana negra.
Si te da harina blanca,
Yo te daré lana blanca.
Si él te da cerveza,
Yo te daré dulce leche.
Si él te da pan,
Yo te daré queso de miel.
Le puedo dar al labrador la crema,
La leche que me sobre.
¿Por qué mencionas al labrador?
¿Qué tiene él más que yo?

Inanna habló:

“Pastor, si no fuera por mi madre, Ningal, hubieras sido desterrado,
Si no fuera por mi abuela, Ningikuga, hubieras sido desterrado a las llanuras,
Si no fuera por mi padre, Nanna, no tendrías techo,
Si no fuera por mi hermano, Utu---“

Dumuzi habló:

“Inanna, no comiences un pleito.
Mi padre, Enki, es tan bueno como tu padre, Nanna.
Mi madre, Sirtur, es tan buena como tu madre, Ningal.
Mi hermana, Geshtinanna, es tan buena como la tuya.
Reina del palacio, hablemos de nuevo

Inanna, sentémonos a hablar juntos.
Yo soy tan bueno como Utu.
Enki es tan bueno como Nanna.
Sirtur es tan buena como Ningal.
Reina del palacio, hablemos nuevamente.

La palabra que hablaron
Era palabra de deseo.
Desde el inicio del pleito
Llegó el deseo a los amantes.

El pastor fue a la casa real con crema.
Dumuzi fue a la casa real con leche.
Ante la puerta, llamó:

“¡Abre la casa, mi dama, abre la casa!”

Inanna corrió hacia Ningal, la madre que la parió.
Ningal aconsejó a su hija, y dijo:

“Mi niña, el joven será tu padre.
Mi hija, el joven será tu madre.
Te tratará como a un padre.
Te cuidará como a una madre.
¡Abre la casa, mi dama, abre la casa!”

Inanna, a la orden de su madre,
Se bañó y se untó con aceite perfumado.
Cubrió su cuerpo con la blanca túnica real.
Preparó su dote.
Arregló sus preciosas cuentas de lapizlázuli alrededor de su cuello.
Tomó su sello en la mano.

Dumuzi aguardaba con esperanza.
Inanna le abrió la puerta.
Dentro de la casa ella brillaba ante él
Como la luz de la luna.

Dumuzi la miró con gozo.
Oprimió su cuello al de ella.
La besó.

Inanna habló:

“Lo que yo te diga,
deja que el cantor lo teja en un canto.
Lo que yo te diga,
Deja que fluya de oído a boca,
Deja que pase de viejo a joven:

Mi vulva, el cuerno,
La Barca Celestial,
Está plena de anhelo como la joven luna.
Mi tierra baldía yace estéril.

Y a mí, Inanna,
¿Quién arará mi vulva?
¿Quién labrará mi altiplano?
¿Quién surcará mi tierra húmeda?

Y a mí, la mujer joven,
¿Quién arará mi vulva?
¿Quién apostará los bueyes ahí?
¿Quién arará mi vulva?

Dumuzi respondió:

“Gran dama, el rey arará tu vulva.
Yo, Dumuzi el rey, araré tu vulva.”

Inanna:

“Entonces ara mi vulva, ¡hombre de mi corazón!
¡Ara mi vulva!”

En el regazo del rey se erguía el cedro ascendente.
Las plantas crecían altas a su lado.
Los granos crecían altos a su lado.
Exuberantes los jardines florecían.

Inanna cantó:

“ El ha retoñado; ha brotado;
Es lechuga plantada cerca del agua.
Él es a quien mi útero ama más.

Mi jardín bien aprovisionado de las llanuras,
Mi cebada que crece alta en su surco,
Mi manzano que carga frutos hasta su corona,
El es lechuga plantada cerca del agua.

Mi hombre de miel, mi hombre de miel que me endulza siempre.
Mi señor, el hombre de miel de los dioses,
El es a quien mi útero ama más
Su mano es miel, su pie es miel,
El me endulza siempre.

Mi ansioso e impetuoso acariciador del ombligo,
Mi acariciador de los suaves muslos,
El es a quien mi útero ama más.
El es lechuga plantada cerca del agua.

Dumuzi cantó:

“O dama, tu pecho es tu campo.
Inanna, tu pecho es tu campo.
Tu amplio pecho derrama plantas.
Tu amplio pecho derrama grano.
Las aguas fluyen de lo alto para tu sirviente.
El pan fluye de lo alto para tu sirviente.
Viértelo para mí, Inanna.
Beberé todo lo que me ofrezcas.”

Inanna cantó:

“Haz tu leche dulce y espesa, mi desposado.
Mi pastor, beberé tu leche fresca.
Toro salvaje, Dumuzi, haz tu leche dulce y espesa.
Beberé tu leche fresca.

Haz que la leche de cabra fluya en mi corral.
Llena mi mantequera sagrada con queso de miel.
Señor Dumuzi, beberé tu leche fresca.

Esposo mío, cuidaré mi corral para ti.
Cuidaré tu casa de la vida, tu almacén,
El paraje brillante y palpitante que deleita a Sumeria---
La morada que decide los destinos de la tierra,
La morada que da el aliento de vida al pueblo.
Vigilaré tu casa yo, la reina del palacio.”

Dumuzi dijo:

Hermana mía, iré contigo a mi jardín.
Inanna, iré contigo a mi jardín
Iré contigo a mi huerto.
Iré contigo a mi manzano.
Allí plantaré la dulce semilla, cubierta de miel.”

Inanna habló:

“Me trajo a su jardín.
Mi hermano, Dumuzi, me trajo a su jardín.
Paseé con él entre los árboles erguidos,
Me paré con él entre los árboles caídos,
Junto a un manzano me arrodillé como se debe.

Ante mi hermano que venía con cantos,
Que ascendió hacia mi desde las hojas del álamo,
Que vino a mí en el calor del mediodía.
Ante mi señor Dumuzi,
Vertí las plantas de mi vientre,
Puse las plantas
Vertí las plantas
Puse el grano
Vertí grano ante él.
Vertí grano de mi vientre.”

Inanna cantó:

“Anoche mientras yo, la reina, brillaba resplandeciente,
Anoche mientras yo, la Reina del Cielo, brillaba resplandeciente,
Mientras brillaba resplandeciente y danzaba,
Entonando alabanzas a la llegada de la noche---

Me conoció --- ¡él me conoció!
Mi señor Dumuzi me conoció.
Puso su mano en mi mano.
Oprimió su cuello contra el mío.

Mi alto sacerdote está pronto para la cintura sagrada.
Mi señor Dumuzi está pronto para la cintura sagrada.
Las plantas y las hierbas en su campo están maduras.
¡O Dumuzi! ¡Tu plenitud es mi deleite!”

¡Ella lo pedía, lo pedía, ella pedía el lecho!
Ella pedía el lecho que regocija el corazón.
Que endulza la cintura.
Ella pedía el lecho de la majestad,
De la realeza.
Inanna pidió el lecho:

“¡Que se prepare el lecho que regocija el corazón!
¡Que se prepare el lecho que endulza la cintura!
¡Que se prepare el lecho de los reyes!
¡Que se prepare el lecho de las reinas!
¡Que se prepare el lecho real!”

Inanna extendió la sábana nupcial a través de la cama.
Llamó al rey:

“¡El lecho está listo!”

Llamó a su desposado:

“¡El lecho espera!”

Él puso su Mano en la suya.
Él puso su mano en su corazón.
Dulce es el sueño de la mano con la mano.
Más dulce aún es el sueño de corazón a corazón.

Inanna habló:

“Me bañé para el toro salvaje,
Para el pastor Dumuzi,
Perfumé mis costados con ungüento,
Cubrí mi boca con ámbar de dulce olor,
Pinté mis ojos con kohl.

Él formó mi cintura con sus bellas manos,
El pastor Dumuzi llenó mi regazo con crema y leche,
Acarició mi vello púbico,
Regó mi matriz.
Puso sus manos sobre mi vulva sagrada,
Avivó mi estrecha barca con leche,
Me acarició sobre el lecho.
Ahora yo acariciaré a mi alto sacerdote sobre el lecho,
Acariciaré al fiel pastor Dumuzi,
Acariciaré su cintura, la pastoría de la tierra,
Le decretaré un dulce destino.”

La Reina del Cielo,
La heroína, más grande que su madre,
A quien Enki obsequió los me,
Inanna, la Primera Hija de la Luna,
Decretó el destino de Dumuzi:

“En batalla soy tu caudillo,
En combate soy el portador de tu armadura,
En la asamblea soy tu abogado,
En campaña soy tu inspiración.
Tu, el pastor elegido del recinto sagrado,
Tu, el rey, el fiel proveedor de Uruk
Tu, la luz del gran santuario de An,
De todas las maneras eres apto:

Para sostener tu cabeza alta bajo el encumbrado dosel,
Para sentarte en el trono de lapizlázuli,
Para cubrir tu cabeza con la corona sagrada,
Para vestir túnicas largas sobre tu cuerpo,
Para ceñirte con las vestiduras de la realeza,
Para portar el mazo y la espada,
Para guiar con puntería el arco largo y la flecha,
Para abrochar la vara y la honda a tu costado,
Para correr por las calles con el cetro sagrado en la mano,
Y las sandalias sagradas en tus pies,
Para cabriolar sobre el pecho sagrado como un becerro de lapizlázuli.

Tu, el corredor veloz, el pastor elegido,
De todas las maneras eres apto.
Que tu corazón goce largos días.

Aquéllo que An ha determinado para tí --- que no sea alterado.
Aquéllo que Enlil ha concedido --- que no sea alterado.
Eres el favorito de Ningal.
Eres preciado por Inanna.”

Ninshubur, la fiel sirviente del recinto sagrado de Uruk,
Condujo a Dumuzi hacia los dulces muslos de Inanna y habló:

“Mi reina, he aquí la elección de tu corazón,
El rey, tu amado desposado.
Que pase largos días en la dulzura de tus sagrados muslos.
Otórgale un reinado favorable y glorioso.
Concédele el trono real, firme en sus cimientos.
Concédele el cayado de los juicios de los pastores.
Concédele la corona permanente con la noble y radiante diadema.

Desde donde el sol asciende hasta donde el sol se oculta,
Del sur al norte,
Desde el mar superior hasta el mar inferior,
Desde la tierra del árbol huluppu hasta la tierra del cedro,
Que su cayado de pastor proteja toda Sumeria y Acadia.

Como labrador, que sus campos sean fértiles,
Como pastor, que sus rebaños se multipliquen,
Que bajo su reinado haya vegetación,
Que bajo su reinado haya riqueza de grano.

En las tierras pantanosas que haya peces y parloteo de aves,
En el cañaveral que los juncos jóvenes y los viejos crezcan altos,
En las llanuras que los árboles mashgur crezcan altos,
En los bosques que los venados y las cabras salvajes se multipliquen,
En los huertos que haya miel y vino,
En los jardines que la lechuga y el berro crezcan altos,
En el palacio que haya larga vida.
Que haya crecida en el Tigris y el Eufrates,
Que las plantas crezcan altas en sus riberas y llenen las vegas,
Que la Señora de la vegetación apile el grano en montones y cúmulos.

O mi Reina del Cielo y de la Tierra,
Reina de todo el universo,
Que él disfrute de largos días en la dulzura de tu cintura sagrada.”

El rey fue con la cabeza en alto hacia la cintura sagrada.
Fue con la cabeza en alto hacia la cintura de Inanna.
Fue hacia la reina con la cabeza en alto.
Abrió con amplitud sus brazos a la sacerdotisa sagrada del cielo.

Inanna dijo:

“Mi amado, deleite de mis ojos, ven a mí.
Nos regocijamos juntos.
Tomó su placer de mí.
Me trajo a su morada.

Me tendió en el lecho fragante de miel.
Mi dulce amor, que yace junto a mi corazón,
Con juegos de lengua, una por una,
Mi hermoso Dumuzi lo hizo cincuenta veces.
Ahora, mi dulce amor está saciado.
Ahora dice:
‘Libérame, mi hermana, libérame.
Serás la hija pequeña de mi padre.
Ven, mi amada hermana, debo ir al palacio.
Libérame.....’”

Inanna dijo:

“Mi portador de capullos, tu seducción fue dulce.
Mi portador de capullos en el manzanal,
Mi portador de fruta en el manzanal,
Dumuzi-abzu tu seducción fue dulce.

Mi intrépido,
Mi estatua sagrada,
Mi estatua ataviada con espada y diadema de lapizlázuli,
Qué dulce fue tu seducción...”

El descenso de Inanna

DESDE EL GRAN ARRIBA
HASTA EL GRAN ABAJO

Desde el Gran Arriba ella abrió su oído al Gran Abajo.
Desde el Gran Arriba la diosa abrió su oído al Gran Abajo.
Desde el Gran Arriba Inanna abrió su oído al Gran Abajo.

Mi señora abandonó el cielo y la tierra para descender al inframundo.
Inanna abandonó el cielo y la tierra para descender al inframundo.
Ella abandonó su ministerio de sacerdotisa sagrada para descender al inframundo.

En Uruk abandonó su templo para descender al inframundo.
En Badtibira abandonó su templo para descender al inframundo.
En Zabalam abandonó su templo para descender al inframundo.
En Adab abandonó su templo para descender al inframundo.
En Nippur abandonó su templo para descender al inframundo.
En Kish abandonó su templo para descender al inframundo.
En Acadia abandonó su templo para descender al inframundo.

Ella reunió los siete me.
Los tomó en sus manos.
Dueña de los me, se preparó:

Colocó sobre su cabeza la shugurra, la corona de las llanuras.
Acomodó sobre su frente los oscuros rizos.
Ató las pequeñas cuentas de lapizlázuli al rededor de su cuello,
Dejó que la doble hilera de cuentas descansara sobre su pecho,
Y envolvió la túnica real alrededor de su cuello.
Untó sus ojos con el ungüento llamado “que venga, que venga”,
Se ató el pectoral llamado “Ven, hombre, ven” sobre su pecho,
Deslizó el aro de oro en su muñeca,
Y llevó en la mano la vara de medir y la línea de lapizlázuli.

Inanna partió hacia el inframundo.
Ninshubur, su fiel sirviente, fue con ella.
Inanna le habló y le dijo:

“Ninshubur, mi constante soporte, Mi sukkal que me da sabio consejo,
Guerrera que lucha a mi lado,
Desciendo al kur, al inframundo,
Si no regreso, eleva un lamento por mí en las ruinas.
Haz sonar en mi honor el tambor en los lugares de asamblea.

Rodea las moradas de los dioses.
Lacérate los ojos, la boca, los muslos.
Viste un traje sencillo, como mendigo.
Ve a Nippur, al templo de Enlil.

Cuando entres a su recinto sagrado, exclama:
‘O Padre Enlil, no permitas que tu hija
Sea inmolada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra con el polvo del inframundo.
No permitas a que tu precioso lapislázuli
El triturador lo quiebre en añicos.
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero.
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea inmolada en el inframundo.’

Si Enlil no te ayuda,
Ve a Ur, al templo de Nanna.
Llora ante el padre Nanna.
Si Nanna no te ayuda,
Ve a Eridu, al templo de Enki.
Llora ante el Padre Enki.
El Padre Enki, Dios de la Sabiduría, conoce el alimento de la vida,
Conoce el agua de la vida,
Conoce los secretos.

Seguramente él no me dejará morir.”

Inanna continuó su camino al inframundo.
Entonces se detuvo y dijo:

“Vete ahora, Ninshubur----
No olvides las palabras que te he ordenado.”

Cuando Inanna llegó a las puertas exteriores del inframundo,
Llamó con fuerza.
Exclamó con voz fiera:

“¡Abre la puerta, portero!
¡Abre la puerta, Neti!
¡Entraré yo sola!”

Neti, el portero en jefe del kur, preguntó:

“Quién eres?

Ella respondió:

“Soy Inanna, la Reina del Cielo,
En mi camino al oriente.”

Neti dijo:

“Si en verdad eres Inanna, la Reina del Cielo,
En tu camino al oriente,
¿Por qué te ha guiado tu corazón al camino
Del cual ningún viajero retorna?”

Inanna respondió:

“Por.....mi hermana mayor, Ereshkigal,
Ha muerto su marido, Gugalanna, el Toro del Cielo.
He venido a presenciar los ritos fúnebres.
Que la cerveza de los ritos fúnebres sea vertida en la copa.
Que así se haga.”

Neti habló:

“Permanece aquí, Inanna, Hablaré a mi reina.
Le daré tu mensaje.”

Neti, el portero en jefe del Kur,
Entró en el palacio de Ereshkigal, la Reina del Inframundo,
Y dijo:

“Mi reina, una doncella
Tan alta como el cielo,
Tan ancha como la tierra,
Tan fuerte como los cimientos de la muralla de la ciudad,
Espera afuera de las puertas del palacio.

Ella ha reunido los siete me.
Los ha tomado en sus manos.
Con los me en sus manos, se ha preparado:

Sobre su cabeza trae la shugurra, la corona de la llanura.
En la frente sus oscuros rizos están cuidadosamente arreglados.
Alrededor de su cuello trae las pequeñas cuentas de lapislázuli.
Sobre su pecho descansa la doble hilera de cuentas.
Su cuerpo está cubierto con la túnica real.
Sus ojos están untados con el ungüento llamado ‘Que venga, que venga’.
Alrededor de su pecho se puso el pectoral llamado ‘Ven, hombre, ven’.
En su muñeca trae el aro de oro.
En su mano ella porta la vara de medir y la línea de lapislázuli.”

Cuando Ereshkigal oyó esto,
Golpeó su muslo y se mordió el labio.
Tomó el asunto a pecho y lo consideró.
Entonces habló:

“Ven, Neti, mi portero mayor del kur,
Obedece mis palabras:
Atranca las siete puertas del inframundo.
Luego, una por una, abre una grieta en cada portón.
Deja entrar a Inanna.
Cuando entre, despójala de sus vestimentas reales.
Que la sacerdotisa sagrada del cielo entre inclinada.

Neti obedeció las palabras de su reina.
Atrancó las siete puertas del inframundo.
Luego abrió la puerta exterior.
Le dijo a la doncella:

“Ven, Inanna, entra.”

Cuando entró al primer portón,
Le fue quitada la shugurra, la corona de la llanura.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”

Cuando entró el segundo portón.
Le fueron quitadas las pequeñas cuentas de lapislázuli de su cuello.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas,
No se pueden objetar.”

Cuando entró el tercer portón,
La doble hilera de cuentas de su pecho le fue quitada.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas,
No se pueden objetar.”

Cuando entró el cuarto portón,
El pectoral llamado “¡Ven, hombre, ven!” fue quitado de su pecho.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas,
No se pueden objetar.”

Cuando entró el quinto portón,
Le fue quitado el aro de oro de su muñeca.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”

Cuando entró el sexto portón,
Le fue quitada la vara de medir y la línea de lapislázuli de su mano.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”

Cuando entró el séptimo portón,
La túnica real le fue quitada del cuerpo.

Inanna preguntó:

“¿Qué es esto?”

Se le dijo:

“Silencio, Inanna, las costumbres del inframundo son perfectas.
No se pueden objetar.”

Desnuda e inclinada, Inanna entró al salón del trono.
Ereshkigal se levantó de su trono.
Inanna comenzó a acercarse al trono.
La rodearon los Anunna, jueces del inframundo.
Pronunciaron sentencia en su contra.

Entonces Ereshkigal amarró el ojo de la muerte sobre Inanna
Habló contra ella su palabra de ira.
Exclamó contra ella su grito de culpa.

La golpeó.

Inanna se convirtió en cadáver,
Una pieza de carne podrida,
Y fue colgada de un gancho sobre la pared.

Cuando, después de tres días y tres noches, Inanna no regresó,
Ninshubur elevó un lamento en su honor en las ruinas.
Tocó el tambor en su honor en los lugares de asamblea.
Rodeó las casas de los dioses.
Laceró sus ojos, laceró su boca, laceró sus muslos.
Se vistió con una túnica simple como mendigo.
Sola, se fue a Nippur y al templo de Enlil.

Al entrar al recinto sagrado,
Exclamó:

“O Padre Enlil, no permitas que tu hija
Sea inmolada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra de polvo del inframundo.
No permitas que el triturador quiebre en añicos
Tu precioso lapislázuli
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero.
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea inmolada en el inframundo.”

El Padre Enlil respondió con enojo:

“Mi hija anhelaba el Gran Arriba.
Inanna anhelaba el Gran Abajo.
Aquélla quien recibe los me del inframundo no regresa.
Aquélla quien va a la Ciudad Sombría allá se queda.”

El Padre Enlil no quiso ayudar.

Ninshubur fue a Ur y al templo de Nanna.
Cuando entró al recinto sagrado,
Exclamó:

“O Padre Nanna, no permitas que tu hija
Sea ejecutada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra del polvo del inframundo.
No permitas que el triturador quiebre en añicos
Tu precioso lapislázuli.
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea ejecutada en el inframundo.”

El Padre Nanna respondió con enojo:

“Mi hija anhelaba el Gran Arriba.
Inanna anhelaba el Gran Abajo.
Aquélla quien recibe los me del inframundo no regresa.
Aquélla quien va a la Ciudad Sombría allá se queda.”

El Padre Nanna no quiso ayudar.

Ninshubur fue a Eridu y al templo de Enki.
Al entrar en el recinto sagrado,
Exclamó:

“O Padre Enki, no permitas que tu hija
Sea ajusticiada en el inframundo.
No permitas que tu plata brillante
Se cubra de polvo del inframundo.
No permitas que el triturador quiebre en añicos
Tu precioso lapislázuli
No permitas que tu fragante madera de boj
Sea tajada por el carpintero-
No permitas que la sagrada sacerdotisa del cielo
Sea ajusticiada en el inframundo.”

El Padre Enki dijo:

“¿Qué pasó?
¿Qué es lo que ha hecho mi hija?
¡Inanna! ¡Reina de Todas las Tierras! ¡Sagrada Sacerdotisa del Cielo!
¿Qué ha pasado?
Estoy atribulado. Estoy afligido.”

De debajo de una de sus uñas el Padre Enki sacó un poco de tierra.
Con la tierra dio forma a un Kurgarra, una criatura que no era ni macho ni hembra.
De debajo de una uña de su otra mano sacó un poco de tierra.
Con la tierra dio forma a un galatur, una criatura que no era ni macho ni hembra.

Le dio el alimento de la vida al kurgarra.
Le dio el agua de la vida al galatur.
Enki habló al kurgarra y al galatur, y dijo:

“Vayan al inframundo,
Entren por la puerta como moscas.
Ereshkigal, la Reina del Inframundo, se está lamentando.
Con los gritos de una mujer que está dando a luz.
No hay sábana que la cubra.
Sus senos están descubiertos.
Su cabello se arremolina alrededor de su cabeza como poros.
Cuando grite, ‘¡O, o, mis adentros!’
Griten también, ‘¡O, o, tus adentros!’
Cuando grite, ‘¡O, o, mis afueras!’
Griten también, ‘¡O, o, tus afueras!’
La reina estará complacida.
Les ofrecerá un regalo.
Pídanle sólo el cadáver que cuelga del gancho en la pared.
Uno de ustedes rociará el alimento de la vida sobre de él.
El otro rociará el agua de la vida sobre de él.
Inanna se levantará.”

El kurgarra y el galatur obedecieron las palabras de Enki.
Salieron rumbo al inframundo.
Como moscas, se escurrieron por las grietas de las puertas.
Entraron el cuarto del trono de la Reina del Inframundo.
No había sábana que la cubriera.
Sus senos estaban descubiertos.
Su cabello se arremolinaba alrededor de su cabeza como poros.

Ereshkigal se lamentaba:

“¡O, O, mis adentros!”

Ellos se lamentaron:

“¡O, O, tus adentros!”

Ella se lamentaba:

“¡O, Ohhhhh, mis afueras!”

Ellos se lamentaron:

“¡O, Ohhhh, tus afueras!”

Ella gimió:

“¡Oh, Oh, mi vientre!”

Ellos gimieron:

“¡Oh, Oh, tu vientre!”

Ella gimió:

“¡Oh! ¡Ohhhh! ¡Mi espalda!”

Ellos gimieron:

“¡Oh! ¡Ohhhh! ¡Tu espalda!”

Ella suspiró:

“¡Ah! ¡Ah! ¡Mi corazón!”

Ellos suspiraron:

“¡Ah! ¡Ah! ¡Tu corazón!”

Ella suspiró:

“¡Ah! Ahhh! ¡Mi hígado!”

Ellos suspiraron:

“¡Ah! Ahhh! ¡Tu hígado!

Ereshkigal se detuvo.
Los miró.
Les preguntó:

“¿Quiénes son ustedes,
que se lamentan, gimen y suspiran conmigo?
Si ustedes son dioses, los he de bendecir.
Si son mortales, les haré un regalo.
Les daré el regalo de agua, el río en su plenitud.”

El kurgarra y el galatur dijeron:

“No lo deseamos”.

Ereshkigal dijo:

“¡Hablen entonces! ¿Qué desean?

Ellos contestaron:

“Sólo deseamos el cadáver que cuelga del gancho en la pared.”

Ereshkigal dijo:

“El cadáver pertenece a Inanna.”

Ellos dijeron:

“Si pertenece a nuestra reina,
Si pertenece a nuestro rey,
Eso es lo que deseamos.”

El cadáver les fue dado.

El kurgarra roció el alimento de la vida sobre el cadáver.
El galatur roció el agua de la vida sobre el cadáver.
Inanna se puso en pie....

Inanna estaba por ascender del inframundo cuando los Anunna, los jueces del inframundo, la aprehendieron.
Dijeron:

“Nadie asciende del inframundo inadvertido.
Si Inanna desea retornar del inframundo,
Debe suplir con alguien su lugar.”

Mientras Inanna ascendía del inframundo,
Los galla, los demonios del inframundo se pegaron a su costado.
Los galla son demonios que no conocen comida, que no conocen bebida,
Que no comen ofrendas, que no beben libaciones,
Que no aceptan regalos.
No disfrutan de amoríos.
No tienen niños dulces a quienes besar.
Arrancan a la mujer de los brazos del esposo,
Arrancan al niño de las rodillas de su padre,
Roban a la novia de su hogar de casada.

Los demonios se pegaron a Inanna.
Los pequeños galla que acompañaban a Inanna
Eran como juncos del tamaño de bardas bajas.
Los grandes galla que acompañaban a Inanna
Eran como juncos del tamaño de bardas altas.

Aquel que marchaba delante de Inanna no era un ministro,
Aún así llevaba un cetro.
Aquel que marchaba tras ella no era un guerrero,
Aún así cargaba un mazo.
Ninshubur, vestida con costales sucios,
Esperaba afuera de las puertas del palacio.
Cuando vio a Inanna
Rodeada por los galla,
Se tiró en el polvo, a los pies de Inanna.

Los galla dijeron:

“Sigue, Inanna,
Tomaremos a Ninshubur en tu lugar.”

Inanna gritó:

“¡No! Ninshubur es mi soporte constante.
Ella es mi sukkal quien me da sabio consejo.
Es mi guerrero que lucha a mi lado.
No olvidó mis palabras.

Ella elevó un lamento en mi honor en las ruinas.
Tocó el tambor en mi honor en los lugares de asamblea.
Circundó las moradas de los dioses.
Laceró sus ojos, su boca, sus muslos.
Se vistió con una túnica sencilla, como mendigo.

Sola, salió hacia Nippur y al templo de Enlil.
Fue a Ur y al templo de Enki.
Fue a Eridu y al templo de Enki.
Gracias a ella salvé mi vida.
Nunca les daré a Ninshubur.

Los galla dijeron:

“Sigue andando, Inanna,
Te acompañaremos a Umma.”

En Umma, en el recinto sagrado,
Shara, el hijo de Inanna, estaba vestido con un costal sucio.
Cuando vio a Inanna
Rodeada por los galla,
Se tiró al suelo a sus pies.

Los galla dijeron:

“Vete a tu ciudad, Inanna,
Tomaremos a Shara en tu lugar.”

Inanna lloró:

“¡No! ¡No a Shara!
El es mi hijo y canta himnos en mi honor.
El es mi hijo que corta mis uñas y alisa mi cabello.
Nunca les daré a Shara.”

Los galla dijeron:

“Sigue andando, Inanna,
Te acompañaremos a Badtibira”.

En Badtibira, en el recinto sagrado,
Lulal, el hijo de Inanna, estaba vestido con un costal sucio.
Cuando vio a Inanna rodeada por los Galla,
Se tiró al suelo a sus pies.

Los galla dijeron:

“Sigue andando a tu ciudad, Inanna,
Tomaremos a Lulal en tu lugar.”

Inanna gritó:

“¡No a Lulal! Él es mi hijo.
Él es un caudillo entre los hombres.
Él es mi brazo derecho. Él es mi brazo izquierdo.
Nunca les daré a Lulal.”

Los galla dijeron:

“Sigue andando a tu ciudad, Inanna,
Iremos contigo al gran manzano en Uruk.”

En Uruk, junto al gran manzano,
Dumuzi, el esposo de Inanna, estaba vestido con sus brillantes vestimentas – me.
Estaba sentado en su magnífico trono; (él no se movió).

Los galla lo agarraron por los muslos.
Vaciaron sus siete mantequeras.
Rompieron la chirimía que el pastor estaba tocando.

Inanna clavó en Dumuzi el ojo de la muerte.
Habló contra él la palabra de ira.
Exclamó contra él el grito de culpa:

“¡Llévenselo! ¡Llévense a Dumuzi!”

Los galla, que no saben de comida, que no saben de bebida,
Que no comen ofrendas, que no beben libaciones,
Que no aceptan regalos, se apoderaron de Dumuzi.
Lo hicieron pararse, lo hicieron sentarse.
Golpearon al esposo de Inanna.
Lo acuchillaron con hachas.

Dumuzi dejó salir un lamento.
Elevó sus manos al cielo hacia Utu, el Dios de la Justicia,
Y le suplicó:

“O Utu, tú eres mi hermano,
Yo soy el esposo de tu hermana.
Yo traje crema a la morada de tu madre,
Yo traje leche a la morada de Ningal.
Yo soy quien cargó alimentos al recinto sagrado.
Yo soy el que trajo regalos nupciales a Uruk.
Yo soy el que danzó sobre las rodillas sagradas, las rodillas de
Inanna.

Utu, Tú eres un dios justo, un dios misericordioso,
Convierte mis manos en manos de serpiente,
Convierte mis pies en pies de serpiente.
Permíteme escapar de mis demonios;
No los dejes retenerme.”

El compasivo Utu aceptó las lágrimas de Dumuzi.
Convirtió las manos de Dumuzi en manos de serpiente.
Convirtió los pies de Dumuzi en pies de serpiente.
Dumuzi escapó de sus demonios.
No pudieron retenerlo....

El sueño de Dumuzi

Su corazón se llenó de lágrimas.
El corazón del pastor se llenó de lágrimas.
El corazón de Dumuzi se llenó de lágrimas.
Dumuzi tropezaba a través de la llanura, llorando:

“¡O llanura, eleva por mí un lamento!
¡O cangrejos en el río, duélanse!
¡O ranas en el río, llámenme!
¡O mi madre Sirtur, llora por mí!

Si ella no encuentra los cinco panes,
Si no encuentra los diez panes,
Si no conoce el día de mi muerte,
Tu, O llanura, dile, díselo a mi madre.
En la llanura, mi madre verterá lágrimas por mí.
En la llanura, mi pequeña hermana se lamentará.”

Se tendió a descansar.
El pastor se tendió a descansar.
Dumuzi se tendió a descansar.

Cuando yacía entre brotes y juncos,
Soñó un sueño.
Despertó de su sueño.
Tembló por su visión.
Aterrado, se talló los ojos.

Dumuzi exclamó:

“Traigan...tráiganla...traigan a mi hermana.
Traigan a mi Geshtinanna, mi hermanita,
Mi escriba conocedora de las tablillas,
Mi cantante que sabe muchas canciones,
Mi hermana que conoce el significado de las palabras.,
Mi sabia mujer que conoce el significado de los sueños.
Debo hablar con ella.
Debo contarle mi sueño.”

Dumuzi hablo con Geshtinanna, y dijo:

“¡Un sueño! Mi hermana, escucha mi sueño:
Los juncos se elevan a mi alrededor; los juncos se espesan a mi alrededor.
Una única caña creciente tiembla por mí.
De un junco que crece gemelo, primero uno, luego el otro,
Es extirpado.
En un soto boscoso, el terror de los altos árboles se eleva a mi alrededor.
Vierten agua sobre mi sagrado corazón.
El fondo de mi mantequera se desprende.
Mi copa se cae de su clavija.
Mi cayado de pastor ha desaparecido.
Un águila atrapa a un borrego del corral.
Un halcón atrapa a un gorrión sobre la barda de juncos.

Mi hermana, tus cabras arrastran sus barbas de lapislázuli sobre el suelo.
Tus borregos rascan la tierra con patas dobladas.

La mantequera yace silente, no hay leche que se vierta.
La copa yace en añicos; no hay más Dumuzi.
El corral se entrega a los vientos.”

Geshtinanna dijo:

“Mi hermano, no me cuentes tu sueño.
Dumuzi, no me cuentes tal sueño.

Los juncos que se elevan sobre ti,
Los juncos que se engrosan a tu alrededor,
Son tus demonios, que te persiguen y atacan.

El junco solitario que tiembla por ti
Es nuestra madre; ella llevará luto por ti.

El junco que crece gemelo, del cual, primero uno, luego el otro,
Es extirpado, Dumuzi,
Es tú y yo; primero uno, luego el otro, será extirpado.

En el soto boscoso, el terror de los altos árboles que se eleva a tu alrededor
Son los galla; ellos descenderán sobre ti en el corral.

Cuando el fuego se apague sobre tu corazón sagrado,
El corral se convertirá en la morada de la desolación.

Cuando el fondo de tu mantequera se desprenda,
Serás aprehendido por los galla.

Cuando tu copa se caiga de su clavija,
Caerás al suelo, sobre las rodillas de tu madre.

Cuando tu cayado de pastor desaparezca,
Los galla causarán que todo se marchite.

El águila que atrapa al borrego en el redil
Es el galla que te arañará las mejillas.

El halcón que atrapa al gorrión sobre la barda de juncos
Es el galla que trepará la barda para llevarte.
Dumuzi, mis cabras arrastran sus cuentas de lapislázuli por el polvo.

Mi cabello se arremolinará en el cielo por ti.
Mis borregos rascan la tierra con las patas dobladas.
O Dumuzi, laceraré mis mejillas de dolor hacia ti.

La mantequera yace silente; no se vierte leche.
La copa yace en añicos; ya no hay Dumuzi.
El corral es entregado a los vientos_____”

Apenas hubo dicho estas palabras
Cuando Dumuzi exclamó:

“¡Mi hermana! ¡Rápido, sube la colina!
No vayas despacio con pasos nobles.
¡Corre, hermana!
Los galla, odiados y temidos por los humanos,
Vienen en barcos.
Cargan madera para atar las manos;
Cargan madera para atar el cuello.
¡Corre, hermana!”

Geshtinanna subió la colina.
El amigo de Dumuzi fue con ella.

Dumuzi gritó:

“¿Los ves?”

El amigo gritó:

“Ahí vienen;
Los galla grandes que cargan madera para atar el cuello,
Vienen por ti.”

Geshtinanna gritó:

“¡Rápido, hermano!
Esconde tu cabeza en el pastizal.
Tus demonios vienen por ti.”

Dumuzi dijo:

“Mi hermana, no reveles a nadie mi escondite.
Mi amigo, no reveles a nadie mi escondite,
Me esconderé en el pastizal.
Me esconderé entre las pequeñas plantas.
Me esconderé entre las grandes plantas.
Me esconderé en las zanjas de Arali.”

Geshtinanna y el amigo de Dumuzi respondieron:

“Dumuzi, si revelamos tu escondite,
Que nos devoren tus perros,
Tus perros negros de pastoreo,
Tus perros majestuosos de realeza,
¡Que nos devoren tus perros!”

Los pequeños galla dijeron a los grandes galla:

“Ustedes, galla, que no tienen madre ni padre,
Ni hermana, hermano, esposa ni hijo,
Ustedes que revolotean sobre cielos y tierra como celadores,
Que se cuelgan al lado del hombre,
Que no muestran preferencias,
Que no distinguen el bien del mal,
Dígannos,
¿Quién ha visto jamás el alma de un hombre amedrentado
Vivir en paz?
No busquemos a Dumuzi en la morada de su amigo.
No busquemos a Dumuzi en la morada de su cuñado.
Busquemos a Dumuzi en la morada de su hermana, Geshtinanna.”

Los galla aplaudieron gozosos.
Fueron a buscar a Dumuzi.
Llegaron a la morada de Geshtinanna. Exclamaron:

“¡Muéstranos dónde se encuentra tu hermano!”

Geshtinanna no habló.

Le ofrecieron el obsequio del agua.
Lo rechazó.
Le ofrecieron el obsequio del grano.
Lo rechazó.

Le acercaron el cielo.
Le acercaron la tierra.
Geshtinanna no habló.

Le desgarraron sus ropas.
Le vertieron alquitrán en su vulva.
Geshtinanna no habló.

Los pequeños galla dijeron a los grandes galla:

“¿Quién ha conocido, desde el principio de los tiempos,
A una hermana que revele el escondite de su hermano?
Vamos, busquemos a Dumuzi en la morada de su amigo.”

Los galla fueron con el amigo de Dumuzi.
Le ofrecieron el obsequio del agua.
Él lo aceptó.
Le ofrecieron el obsequio del grano.
Él lo aceptó.
Dijo:

“Dumuzi se escondió en el pastizal,
Pero yo no conozco el lugar.”

Los galla buscaron a Dumuzi en el pastizal.
No lo encontraron.
El amigo dijo:

“Dumuzi se escondió entre las plantas pequeñas,
Pero yo no conozco el lugar.”

Los galla buscaron a Dumuzi entre las plantas pequeñas.
No lo encontraron.
El amigo dijo:

“Dumuzi se escondió entre las plantas grandes,
Pero yo no conozco el lugar.”

Los galla buscaron a Dumuzi entre las plantas grandes.
No lo encontraron.
El amigo dijo:

“Dumuzi se escondió en las zanjas de Arali.
Dumuzi cayó en las zanjas de Arali.”

En las zanjas de Arali, los galla atraparon a Dumuzi.
Dumuzi empalideció y lloró.
Exclamó:

“Mi hermana me salvó la vida.
Mi amigo me causó la muerte.
Si el hijo de mi hermana se pierde en las calles,
Que el niño sea protegido – que el niño sea bendecido.
Si el hijo de mi amigo se pierde en la calle,
Que se pierda – que el niño sea maldito.

Los galla rodearon a Dumuzi.
Ataron sus manos; ataron su cuello.
Golpearon al esposo de Inanna.
Dumuzi elevó sus brazos al cielo, a Utu, el Dios de la Justicia,
Y exclamó:

“O Utu, tú eres mi cuñado,
Soy el marido de tu hermana.
soy quien llevó comida al recinto sagrado.
Soy quien llevó obsequios nupciales a Uruk.
Besé los labios sagrados,
Y bailé sobre las rodillas sagradas, las rodillas de Inanna.

Convierte mis manos en manos de gacela.
Convierte mis pies en pies de gacela.
Permíteme escapar de mis demonios.
Permíteme huir a Kubiresh!”

El compasivo Utu aceptó las lágrimas de Dumuzi.
Convirtió sus manos en manos de gacela.
Convirtió sus pies en pies de gacela.
Dumuzi huyó de sus demonios.
Escapó a Kubiresh.

Los galla dijeron:

“¡Vayamos a Kubiresh!”

Los galla llegaron a Kubiresh.
Dumuzi huyó de sus demonios.
Escapó hacia Belili la vieja.

Los galla dijeron:

“¡Vayamos con Belili la vieja!”

Dumuzi entró en la morada de la vieja Belili. Le dijo:

“Anciana. No soy cualquier mortal.
Soy el esposo de la diosa Inanna.
Sírveme agua.
Esparce harina para que yo coma.”

Después que la mujer sirvió el agua
Y esparció harina para Dumuzi,
Abandonó la casa.

Cuando los galla la vieron salir, entraron en la casa.
Dumuzi escapó de sus demonios.
Huyó al corral de su hermana, Geshtinanna.

Cuando Geshtinanna encontró a Dumuzi en el corral, lloró.
Llevó su boca cerca del cielo.
Llevó su boca cerca de la tierra.
Su pena cubrió el horizonte como una vestidura.

Se laceró los ojos.
Se laceró la boca.
Se laceró los muslos.

Los galla treparon la barda de juncos.
El primer galla golpeó a Dumuzi en una mejilla con un clavo cortante.
El segundo galla golpeó a Dumuzi con el cayado de pastoreo.
El tercer galla quebró el fondo de la mantequera,
El cuarto galla tiró la copa de su clavija,
El quinto galla destruyó la mantequera,
El sexto galla gritó:

“¡Levántate, Dumuzi!
Esposo de Inanna, hijo de Sirtur, hermano de Geshtinanna!
¡Levántate de tu falso sueño!
¡Tus ovejas fueron capturadas! ¡Y tus borregos!
¡Y tus cabras! ¡Y tus cabritos!
¡Despójate de la corona sagrada de tu cabeza!
¡Despójate de las vestimentas de me de tu cuerpo!
¡Que tu cetro real caiga al suelo!
¡Despójate de las sandalias sagradas de tus pies!
¡Desnudo, vienes con nosotros!

Los galla capturaron a Dumuzi.
Lo rodearon.
Ataron sus manos. Ataron su cuello.

La mantequera estaba silente. No había leche para verter.
La copa estaba quebrada. Ya no había Dumuzi.
El corral fue entregado a los vientos.

El retorno

Se elevó un lamento en la ciudad:

“Mi Señora llora amargamente a su joven esposo.
Inanna llora amargamente a su joven esposo.
¡Ay su esposo! ¡Ay su joven amor!
¡Ay su morada! ¡Ay su ciudad!

Dumuzi fue capturado en Uruk.
No se bañará más en Eridu.
No se enjabonará más en el recinto sagrado.
No tratará a la madre de Inanna como a su propia madre.
Ya no cumplirá su dulce faena
Entre las doncellas de la ciudad.

Ya no competirá con los jóvenes de la ciudad.
Ni elevará su espada más alto que los sacerdotes kurgarra.
Grande es el dolor de quienes se enlutan por Dumuzi.”

Inanna lloró por Dumuzi:

“Se ha ido mi esposo, mi dulce esposo.
Se ha ido mi amor, mi dulce amor.
Mi amado ha sido llevado de la ciudad.
O, ustedes, moscas de la llanura,
Mi amado desposado me ha sido arrebatado
Antes que pudiera envolverlo con un sudario adecuado.

El toro salvaje ya no vive.
El pastor, el toro salvaje no vive ya.

Pregunto a las colinas y los valles:
‘¿Dónde está mi marido?’
Les digo:
‘Ya no puedo llevarle comida.
Ya no puedo servirle bebida.’

El chacal yace en su lecho.
El cuervo habita en su corral.
¿Me preguntan sobre su chirimía?
El viento ha de tocarla para él.
¿Me preguntan sobre sus dulces cantos?
El viento los ha de cantar por él.”

Sirtur, la madre de Dumuzi, lloró por su hijo:

“Mi corazón toca la chirimía del duelo.
En un tiempo mi muchacho paseaba tan libre por la llanura,
Ahora está cautivo.
En un tiempo Dumuzi paseaba tan libre por la llanura,
Ahora está preso.
La oveja entrega a su borrego.
La cabra entrega a su cabrito.
Mi corazón toca la chirimía del duelo.

¡O llanura traicionera!
En el lugar donde él una vez dijo
‘Mi madre preguntará por mí,’
Ahora no puede mover sus manos.
No puede mover sus pies.

Mi corazón toca la chirimía del duelo.
Quisiera ir con él,
Quisiera ver a mi niño.”

La madre caminó hacia el lugar desolado.
Sirtur caminó hacia donde yacía Dumuzi.
Miró al toro salvaje asesinado.
Lo miró a la cara. Dijo:

“Mi niño, el rostro es el tuyo.
El espíritu ha huído.”

Hay duelo en la morada.
Hay dolor en las cámaras interiores.

La hermana vagaba por la ciudad, llorando por su hermano.
Geshtinanna vagaba por la ciudad, llorando por Dumuzi:

“¡O mi hermano! ¿Quién es tu hermana?
Yo soy tu hermana.
¡O Dumuzi! ¿Quién es tu madre?
Yo soy tu madre.
El día que amanecerá para ti también amanecerá para mí.
El día que tú veas yo también veré.

¡Yo hallaré a mi hermano! ¡Yo lo reconfortaré!
¡Yo compartiré su destino!”

Cuando ella vio el dolor de la hermana,
Cuando Inanna vio el dolor de Geshtinanna,
Le habló con suavidad:

“La morada de tu hermano ya no existe.
Dumuzi fue arrebatado por los galla.
Yo te llevaría donde él,
Pero no conozco el lugar.”

Entonces apareció una mosca.
La mosca sagrada rodeaba el aire sobre la cabeza de Inanna y dijo:

“Si yo te dijera dónde está Dumuzi,
¿Qué me darías?”

Inanna dijo:

“Si me dices,
Te permitiré frecuentar las cervecerías y las tabernas.
Te permitiré residir en medio de la conversación de los sabios.
Te permitiré residir en medio de los cantos de los trovadores.”

La mosca habló:

“Levanta tus ojos hacia las orillas de la llanura,
Levanta tus ojos hacia Arali.
Ahí encontrarás al hermano de Geshtinanna,
Ahí encontrarás al pastor Dumuzi.”

Inanna y Geshtinanna fueron a las orillas de la llanura.
Encontraron a Dumuzi llorando.
Inanna tomó a Dumuzi de la mano y dijo:

“Irás al inframundo
La mitad del año.
Tu hermana, por que así lo ha pedido,
Irá la otra mitad.
En el día en que seas llamado,
Ese día serás tomado.
El día en que Geshtinanna sea llamada,
Ese día tu serás liberado.”

Inanna puso a Dumuzi en manos del eterno.

¡Sagrada Ereshkigal! ¡Grande es tu fama!
¡Sagrada Ereshkigal! ¡Entono tus alabanzas!

Siete himnos a Inanna

Siete himnos a Inanna

La sagrada sacerdotisa del cielo

Digo, “¡Salve!” a la sagrada que aparece en los cielos!
Digo “¡Salve!” a la Sagrada Sacerdotisa del Cielo!
Digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!

¡Antorcha Sagrada! ¡Llenas el cielo de luz!
¡Aclaras el día al amanecer!

Yo digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!

¡Majestuosamente abrumadora Señora de los Dioses Annuna!
¡Llenas los cielos y la tierra de luz!

Yo digo “¡Salve!” a Inanna, Primogénita de la Luna!

Poderosa, majestuosa, y radiante,
Brillas resplandeciente en la tarde,
Aclaras el día al amanecer,
Te yergues en los cielos como el sol y la luna,
Se conocen tus portentos tanto arriba como abajo,
Por la grandeza de la sacerdotisa sagrada del cielo,
¡A ti, Inanna, yo te canto!

Poderosa tempestad atronadora

Orgullosa Reina de los Dioses Terrestres, Suprema entre los Dioses Celestes,
Poderosa Tempestad Atronadora, viertes tu lluvia sobre toda la tierra y todo el pueblo.
Tú haces que el cielo truene y la tierra tiemble.
Gran Sacerdotisa, ¿quién puede aliviar tu corazón acongojado?

Resplandeces como el relámpago sobre las tierras altas; lanzas tus teas a través de la tierra.
Tu mandato ensordecedor, silbando como el Viento del Sur, desgaja las grandes montañas.
Pisoteas al desobediente como un toro salvaje; cielo y tierra tiemblan.
Sagrada Sacerdotisa, ¿quién puede aliviar tu corazón acongojado?

Tu grito aterrador que desciende de los cielos devora a sus víctimas.
Tu mano trémula hace que el calor del medio día revolotee hacia el mar.
Tu acecho nocturno de los cielos hiela la tierra con su brisa sombría.
Sagrada Inanna, las riveras de los ríos se desbordan con las crecidas olas de tu corazón...

En el séptimo día cuando la luna creciente llega a su plenitud,
Te bañas y rocías tu cara con agua bendita.
Cubres tu cuerpo con las largas vestimentas de lana de la realeza.
Te amarras el combate y la batalla a tu costado;
Los atas a un cincho y los dejas reposar.

En Eridu recibiste los me del Dios de la Sabiduría,
El Padre Enki te obsequió los me en su recinto sagrado en Eridu.
Él puso la realeza y la divinidad en tus manos.

Subes los escalones de tu trono sublime.
Te sientas en él en toda tu majestad
A tu lado, Dumuzi, tu amado esposo.

Los dioses de la tierra, deseando oír su destino, vienen ante ti.
Ante ti, los dioses de cielo y tierra se arrodillan.
Las criaturas vivientes y la gente de Sumeria vienen ante ti.
Atrapas con tu mirada al pueblo de Sumeria,
Y queda preso en tu sagrado yugo.

La sagrada

El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.
Toca los dulces tambores – ala.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.

Digo “¡Salve!” a Inanna, ¡Gran Señora del Cielo!

Toca el tambor sagrado y los tímpanos.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.

Digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!”

Toca el arpa sagrada y los tímpanos.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.

Digo “¡Salve!” a Inanna, ¡Primogénita de la luna!

Los prostitutos peinan su cabello.
Decoran sus nucas con pañuelos multicolores.
Se engalanan con los mantos de los dioses sobre sus hombros.
El hombre y la mujer virtuosos marchan ante ti.
Sostienen el arpa que mitiga a su lado.
Los que siguen llevan el cincho de la espada.
Empuñan la lanza en sus manos.

El pueblo de Sumeria en procesión.

Las mujeres adornan su lado derecho con ropajes de hombre.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.

Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Gran Señora del Cielo!

Los hombres adornan su lado izquierdo con ropajes de mujer.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.

Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Gran Señora del Cielo!

El pueblo compite con riatas de salto y cuerdas coloridas.
El pueblo de Sumeria en procesión ante ti.

Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Primogénita de la Luna!
Los hombres jóvenes, quienes portan aros, cantan en tu honor.
Las doncellas y las sacerdotisas de los grandes peinados caminan en tu honor,
Portan la espada y el hacha de doble filo.
Los sacerdotes kurgarra que ascienden elevan sus espadas en tu honor.
El sacerdote, que cubre su espada con sangre, rocía sangre,
Rocía sangre sobre el trono y la sala de la corte.
¡El tambor tigi, el tambor sem, y el pandero ala resuenan!

En los cielos la Sagrada aparece sola.

Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
Ella mira con dulce sorpresa toda la tierra
Y al pueblo de Sumeria, tan numeroso como ovejas.

La señora del atardecer

Al final del día. La Estrella Radiante, la Gran Luz que llena el cielo,
La Señora del Atardecer aparece en los cielos.
El pueblo de todas las tierras eleva sus ojos hacia ella.
Se purifican los hombres; se lavan las mujeres.
El buey en su yugo muge en su honor.
Las ovejas remueven el polvo en su redil.
Todas las criaturas vivas de la llanura,
Las criaturas de cuatro patas del altiplano,
Los lozanos jardines y huertos los juncos verdes y los árboles,
Los peces de la profundidad y las aves de los cielos –
Mi Señora los apresura a sus lugares de descanso.

Las criaturas vivas y el pueblo numeroso de Sumeria de arrodillan ante ella.
Los elegidos por las ancianas preparan grandes platones de comida y bebida para ella.
La Señora se refresca en la tierra.
Hay una gran alegría en Sumeria.
El joven hace el amor con su amada.

Mi Señora mira en dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
Inanna, la Señora del Atardecer, es radiante.
Yo canto tus alabanzas, sagrada Inanna.
La Señora del Atardecer está radiante sobre el horizonte.

La señora de la mañana

¡Consejera honorable, Ornamento del Cielo, Júbilo de An!
Cuando el dulce sueño ha finalizado en la alcoba,
Tú apareces como brillante luz del día.

Cuando todas las tierras y la gente de Sumeria se reúnen,
Aquellos que duermen sobre los tejados y aquellos que duermen cerca de las murallas,
Cuando entonan tus alabanzas, y te traen sus inquietudes,
Tu estudias sus palabras.

Tu rindes un cruel juicio contra el malhechor;
Destruyes al perverso.
Ves con ojos amables al íntegro;
A ése le das tu bendición.

Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
Inanna, la Señora de la Mañana, es radiante.
Yo entono tus alabanzas, sagrada Inanna.
LA Señora de la Mañana es radiante sobre el horizonte.

La señora que asciende a los cielos

Mi Señora, el Asombro de la Tierra, la Estrella Solitaria,
La Valerosa que aparece la primera en los cielos –
Toda la tierra te teme.

En los lugares puros de la llanura,
Sobre los altos tejados de las moradas,
Sobre las plataformas de la ciudad,
Traen ofrendas en su honor:
Rimeros de fragante incienso de dulce aroma a cedro,
Ovejas selectas, ovejas gordas, ovejas de pelo largo,
Mantequilla, queso, dátiles, frutas de todo tipo.

Purifican la tierra para Mi Señora.
La celebran con cánticos.
Llenan la mesa de la tierra con las primicias.
Escancian cerveza oscura en su honor.
Escancian cerveza clara en su honor.
Cerveza oscura, cerveza de barril,
Cerveza de barril para Mi Señora.

En su honor el barril sagub y el barril lamsari producen un sonido burbujeante.
Ellos preparan el pan gug con jarabe de dátil en su honor.
Harina, harina en miel, cerveza en la aurora.
Ellos escancian vino y miel en su honor al amanecer.

Los dioses y el pueblo de Sumeria van hacia ella con comida y bebida.
Ellos alimentan a Inanna en el lugar puro y limpio.

Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
Inanna, la Señora de la Mañana, es radiante.
Yo entono tus alabanzas, sagrada Inanna.
La Señora de la Mañana es radiante sobre el horizonte.

El júbilo de Sumeria, el Rito del Matrimonio Sagrado

El pueblo de Sumeria se reúne en el palacio,
La morada que guía la tierra.
El rey construye un trono para la reina del palacio.
Se sienta a su lado en el trono.

Para cuidar la vida de todas las tierras,
El primer día exacto del mes es examinado cuidadosamente,
Y en el día de la desaparición de la luna,
En el día del sueño de la luna,
Los me son llevados a cabo a la perfección
Para que el Día del Nuevo Año, el día de los rituales,
Sea determinado con formalidad,
Y se erija un lugar para que Inanna duerma.

El pueblo limpia los juncos con aceite de cedro de dulce fragancia,
Arreglan los juncos para el lecho.
Extienden una sábana nupcial sobre el lecho.
Una sábana nupcial para regocijar el corazón,
Una sábana nupcial para regocijar la cintura,
Una sábana nupcial para Inanna y Dumuzi.

La reina baña su cintura sagrada,
Inanna se baña para la cintura sagrada de Dumuzi,
Se lava con jabón.
Rocía aceite de cedro de dulce fragancia en el suelo.

El rey va con cabeza alta hacia la cintura sagrada,
Dumuzi va con cabeza alta a la cintura sagrada de Inanna.
Se tiende junto a ella sobre el lecho.
Con ternura la acaricia, murmura palabras de amor:
“¡O mi joya sagrada! ¡O mi maravillosa Inanna!”

Luego que entra a su vulva sagrada, y causa el regocijo de la reina,
Luego que entra a su vulva sagrada, y causa el regocijo de Inanna,
Inanna lo abraza y murmura:
“O Dumuzi, tu eres mi amor verdadero.”

El rey convida al pueblo a entrar al gran salón.
El pueblo trae ofrendas de comida y cuencos.
Ellos queman resina de junípero, ejecutan ritos lavatorios,
Y apilan incienso de fragancias dulces.

El rey abraza a su amada desposada,
Dumuzi abraza a Inanna.
Inanna, sentada sobre el trono real, resplandece como la luz del día.
El arregla la abundancia, la lozanía y la plenitud ante ella.
El reúne al pueblo de Sumeria.

Los músicos tocan en honor de la reina:
Tocan el instrumento ruidoso que ahoga la tormenta del sur,
Tocan el dulce instrumento algar, el ornamento del palacio,
Tocan el instrumento de cuerdas que trae alegría a todo el pueblo,
Tocan canciones en honor de Inanna que regocijan el corazón.

El rey tiende la mano por comida y bebida,
Dumuzi tiende la mano por comida y bebida.
El palacio está de fiesta. El rey está gozoso.
En el lugar puro y limpio celebran a Inanna con cantos.
Ella es el ornamento de la reunión, ¡la dicha de Sumeria!

El pueblo pasa el día en la plenitud.
El rey está ante la reunión con gran gozo.
Aclama a Inanna con las alabanzas de los dioses y del pueblo:
“¡Sacerdotisa Sagrada! Creada con los cielos y la tierra,
Inanna, Primogénita de la Luna, Señora del Atardecer!
Yo entono tus alabanzas.”

Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
La Señora Que Asciende a los Cielos, Inanna, es radiante.
Poderosa, majestuosa, radiante, y siempre juvenil---
A ti, Inanna, ¡yo te canto!

Comentarios --- Historia, cultura y literatura sumeria

Por Samuel Noah Kramer

Historia

Sumeria, la tierra habitada por los antiguos sumerios, está situada en la mitad sureña del Irak moderno, en los valles aluviales de los ríos Tigris y el Eufrates, aproximadamente entre la Bagdad moderna y el Golfo Pérsico, en un área de alrededor de 10,000 millas cuadradas. Su clima es cálido y seco, su terreno arrasado por los vientos, no tiene minerales y cuenta con muy poca piedra y madera – una tierra sin esperanza, al parecer condenada a la pobreza y la desolación. Pero el pueblo sumerio fue talentoso, enérgico, innovador, con gran inventiva tecnológica y grandes recursos ideológicos, que con la ayuda de la irrigación y una visión relativamente pragmática acerca de la vida y sus misterios, convirtió a esta tierra pobre en un verdadero jardín del edén.

Fue en Sumeria donde se crearon los primeros centros urbanos, y fue en sus ciudades donde el sistema cuneiforme de escritura se desarrolló a lo largo de los siglos, para extenderse por todo el Cercano Oriente. Testimonio de ello son las tabletas cuneiformes recientemente descubiertas en la lejana Ebla al noroeste de Siria. Las ideas, técnicas y logros de los sumerios en las áreas de religión, educación, literatura y leyes dejaron una profunda impresión sobre sus vecinos, y hasta cierto punto, aun en la cultura del hombre occidental moderno. En más de un aspecto, Sumeria puede ser designada con justicia la “cuna de la civilización”.

Sumeria –o mejor dicho, la tierra que se conoció como Sumeria alrededor del año 3000 a.n.e.—fue colonizada por primera vez durante el quinto milenio a.n.e., por un pueblo que hablaba un lenguaje desconocido que ha dejado rastros en nombres de lugares y ocupaciones. Los arqueólogos actuales designan generalmente a este pueblo como ubaidianos, un nombre derivado de Ubaid, un antiguo tell o montículo, no lejos de la ciudad de Ur, donde se descubrieron los primeros restos arqueológicos de este pueblo. Fueron los ubaidianos quienes establecieron los asentamientos que gradualmente se desarrollaron como los grandes centros urbanos de Sumeria: Ur, Eridu, Adab, Isin, Larsa, Kullab-Uruk, Lagash, Nippur, Kish. Los ubaidianos fueron responsables de los avances culturales más tempranos: ellos fueron sus primeros agricultores, ganaderos, pescadores, tejedores, talabarteros, carpinteros, herreros, alfareros y albañiles. Pero los ubaidianos no permanecieron por mucho tiempo como el único grupo dominante de la región. A medida que sus asentamientos prosperaban y florecían, nómadas semíticos de las tierras desiertas de Siria y Arabia se fueron infiltrando e invadiendo. Fueron estos semitas los que llegaron a ser el grupo políticamente dominante. De acuerdo con la tradición sumeria posterior, la primera dinastía que reinó en Sumeria después del diluvio legendario, fue la de la ciudad de Kish en el norte, y muchos de sus mandatarios llevaban nombres semíticos.

Los sumerios, por otro lado, no llegaron a la zona sino hasta la segunda mitad del cuarto milenio a.n.e. La localización de su hogar original es desconocida; pero, puesto que el lenguaje sumerio es una lengua aglutinante como las de los pueblos turcos, es posible que haya sido en algún lugar en Asia sudcentral. También existe cierta evidencia de que en su camino hacia Mesopotamia del sur pudieran haberse asentado por un tiempo en Irán occidental. No importa de dónde provienen los sumerios, ni qué tipo de cultura trajeron consigo, lo cierto es que su llegada condujo a una extraordinaria fusión étnica y cultural con la población nativa que causó un brote creativo de gran importancia para la historia de la civilización.

En el curso de los siglos que siguieron, Sumeria alcanzó nuevas alturas de poder político y riqueza económica, y atestiguó algunos de sus logros más significativos en las artes y oficios, en la arquitectura monumental, en el pensamiento ético y religioso, en el mito, la épica y el himno oral. El lenguaje sumerio llegó a ser la lengua prevaleciente de la región; el sistema cuneiforme de escritura gradualmente se convirtió en una herramienta efectiva de comunicación; y se dieron los primeros pasos para la introducción de un sistema formal de educación.

La historia política sumeria está dominada por la institución de la monarquía. Originalmente, el poder político estaba en manos de ciudadanos libres y un gobernador de la ciudad conocido como el ensi, que no era más que un par entre sus pares. En casos de decisiones vitales para la comunidad, estos ciudadanos libres se reunían en una asamblea bicameral consistente en una cámara alta de “ancianos” y una cámara baja de jóvenes guerreros. A medida que las luchas entre las varias ciudades - estados sumerios se tornaban más violentas y más amargas, y a medida que se intensificaban las presiones de los pueblos bárbaros al este y al oeste, el liderazgo militar llegó a ser una necesidad urgente, y el rey – o como era conocido en sumerio, el lugal, “hombre grande” –ocupó el primer plano. Al principio, probablemente el rey era seleccionado y designado por la asamblea en momentos críticos para tareas militares específicas. Pero gradualmente la monarquía, con todos sus privilegios y prerrogativas, se volvió una institución hereditaria. El rey estableció un ejército regular con la carroza como principal arma ofensiva, y una infantería fuertemente armada que atacaba en formación de falange. Las victorias y conquistas sumerias se debieron en gran medida a su superioridad en armas militares, tácticas, organización y liderazgo.

El primer mandatario cuyos hechos están registrados, aunque sea en el más breve de los relatos, es un rey de Kish bajo el nombre de Etana, quien probablemente reinó al mero principio del tercer milenio a.n.e. En la “Lista de Reyes” sumeria – un documento escrito varios siglos después—se le describe como el “hombre que trajo estabilidad a todas las tierras”, así que se puede inferir que no sólo dominó a Sumeria, sino también a sus vecinos.

Con el tiempo, el poder de Kish disminuyó, y fue derrotado a manos de Uruk, una ciudad en Sumeria central. Algunos de los gobernantes de la dinastía de Uruk, hombres como Enmerkar, Lugalbanda, Gilgamesh, y tal vez Dumuzi, desempeñaron tan prodigiosos actos de valentía y conquista, que inspiraron a los bardos sumerios a componer poemas épicos característicos de lo que comúnmente se conoce como una edad heroica, como la de los griegos o los teutones mucho después. Pero a pesar de estos hechos de valentía y heroísmo, la dinastía de Uruk, también, llegó a un desastroso final: fue vencida por Mesannepadda, un ambicioso gobernante de Ur hambriento de poder . Ur era una ciudad en Sumeria del sur, que en tiempos bíblicos era conocida como Ur de los caldeos.

La amarga contienda tripartita por la dominación entre Kish, Uruk y Ur debilitaron tanto a Sumeria y menoscabaron su poderío militar de tal manera, que por un considerable período de tiempo cayó bajo dominio extranjero. Finalmente, cerca del inicio de la segunda mitad del tercer milenio (alrededor de 2350 a.n.e.), una ciudad de Sumeria sudoriental llamada Lagash, que no había jugado una parte políticamente significativa en los primeros tiempos, emergió como el poder dominante en la zona. La dinastía de Lagash duró menos de un siglo, y es memorable no tanto por sus logros políticos y militares, sino por sus archivistas y hombres de letras, quienes produjeron los primeros documentos históricos y sociológicos de importancia contemporánea en la historia registrada del hombre.

En los siglos que siguieron, Sumeria sufrió dos humillantes derrotas. La primera fue a manos de un gobernante semítico llamado Sargon, quien conquistó no sólo Sumeria, sino la mayor parte del Asia occidental. Estableció su capital en Agade (la Acadia bíblica), una ciudad no lejos de Kish, y Sumeria vino a ser conocida por el doble nombre de Sumeria -Acadia. Además, durante el reino de la dinastía acadia, la lengua semítica ahora generalmente designada como acadio, comenzó a rivalizar con el sumerio como lenguaje vivo de la región.

Naram-Sin, el nieto de Sargon, por algún motivo desconocido, atacó Nippur, la ciudad más sagrada de Sumeria, y desacró y expolió su templo más venerado. De acuerdo con los mitógrafos sumerios posteriores, este acto sacrílego guió a Sumeria a un segundo desastre: fue invadida y desolada por los gutianos, un pueblo bárbaro que habitaba en las montañas de Irán occidental. La comunicación por tierra o por mar llegó a ser imposible a través de toda Sumeria y el hambre destruyó al país y a su pueblo.

Hacia el final de este desastroso y humillante período, la ciudad de Lagash surgió nuevamente como fuerza política, bajo el mando de un extraordinario y piadoso ensi llamado Gudea. Un considerable número de estatuas inscritas de este mandatario, originalmente erigidas en los templos de Lagash y desenterradas por excavadores franceses, han hecho de Gudea el rostro sumerio mejor conocido para el mundo moderno. El origen y la extensión de su poder político son aun desconocidos, pero sus inscripciones indican que tenía contratos de comercio virtualmente con todo el mundo conocido de la época. Obtenía oro de Anatolia y de Egipto, plata de los Taurus, cedros de Amanus, cobre de las cordilleras Zagros, diorita de Etiopía y madera de construcción del aún no identificado país de Dilmun.

Poco tiempo después del reinado de Gudea, Sumeria se liberó del yugo gutio, y un rey llamado Ur – Nammu fundó una dinastía en la ciudad de Ur, la así llamada Tercera Dinastía de Ur (aproximadamente 2050 – 1950 a.n.e.), que prometía un renacimiento impresionante. Ur – Nammu era no sólo un líder militar enérgico y capaz, sino también un sobresaliente legislador y un reformador social. Promulgó el primer código legislativo en la historia registrada, un documento en cuyo preámbulo se jacta de que él, Ur – Nammu, depuso a los “cinceladores” y a los traficantes del país, estableció y reguló pesos y medidas, y supervisó para que “el huérfano no caiga presa del rico, que la viuda no caiga presa del poderoso, que el hombre de un shekel 1 no caiga presa del hombre de una mina 2.”

A Ur – Nammu lo siguió en el trono su hijo Shulgi, que resultó ser uno de los más ilustres y distinguidos reyes de la antigüedad. Fue un líder militar sobresaliente, un administrador puntilloso, un constructor enérgico y un pródigo patrón de las artes, particularmente de la literatura y de la música. Pretendía haber establecido importantes escuelas sumerias en Nippur y en Ur. Los poetas y hombres de letras sumerios se excedieron componiendo himnos de exaltación y glorificación en su honor, y en ellos se le describe como una combinación de sabio, soldado, deportista, adivinador, diplomático, patrón de la enseñanza; un rey feliz, optimista, que proveía todas las cosas buenas para el país y su pueblo.

Shulgi reinó cerca de medio siglo. Lo siguieron en el trono por sus dos hijos, que reinaron nueve años cada uno, y apenas lograron mantener la nación unida e independiente. Cuando el nieto de Shulgi, el piadoso y confiado Ibbi–Sin, llegó al trono, se encontró bajo el ataque de los elamitas y de los amoritas nómadas del oeste, y fue traicionado por sus propios gobernadores y generales. Finalmente, en el año veinticinco de su reinado, los elamitas atacaron y destruyeron Ur, llevándose a su rey en cautiverio. La catástrofe causó una impresión indeleble en los poetas sumerios, quienes a través de los años compusieron una serie completa de lamentos luctuosos deplorando el amargo y cruel destino que cayó sobre su tierra y sobre su pueblo.

Durante los siglos que siguieron a la caída de Ur resurgió la amarga contienda tripartita por el dominio de la región, esta vez entre las ciudades de Isin, Larsa y Babilonia. Finalmente, alrededor de 1750 a.n.e., Hammurabi, rey de Babilonia, venció a Rin –Sin, rey de Larsa, y emergió como la única autoridad de Sumeria – Acadia. Se puede decir que esta fecha marca el fin de Sumeria y el principio de Babilonia. Por este tiempo, el pueblo sumerio, es decir, la gente que hablaba la lengua sumeria, estaba virtualmente extinto y los semitas tenían pleno control. Los reyes eran todos semitas, y el idioma hablado era ahora el acadio semítico. La cultura como un todo, sin embargo, permanecía predominantemente sumeria en forma y contenido, y las escuelas y academias del país continuaron usando el lenguaje sumerio y su literatura como base de su currículo a lo largo del milenio.

  1. 1. un peso
  2. 2. sesenta shekel

Cultura

La sociedad sumeria era de carácter esencialmente urbano, a pesar de estar sustentada sobre una base agrícola más bien que sobre una base industrial. En el tercer milenio a.n.e., Sumeria consistía en una docena de ciudades – estado. Cada una de ellas contenía una ciudad grande, generalmente amurallada, rodeada de pueblos y villorrios. De acuerdo con sus creencias religiosas, la ciudad pertenecía a su deidad gobernante, de modo que el rasgo sobresaliente de cada ciudad era el templo mayor. Este edificio, el más alto y el más grande, estaba situado sobre una terraza elevada, que se desarrolló gradualmente hasta llegar a ser una dramática torre masiva, o zigurat, la más memorable contribución de Sumeria a la arquitectura religiosa. El templo consistía en una capilla central rectangular, o cella, rodeada en sus lados largos por cierto número de cámaras utilizadas por los sacerdotes y sacerdotisas. En el cella había un nicho para la estatua de la deidad, con un altar o mesa de ofrendas construida de ladrillo antepuesta a ella.

El templo estaba construido con unos nada atractivos ladrillos de barro, así que los arquitectos sumerios daban vida a las paredes agregando contrafuertes y depresiones regularmente colocadas. También introdujeron la columna y el pilar de ladrillos de barro, decorados con motivos en zigzag, formas romboidales y triángulos insertando miles de conos de arcilla coloreada en la argamasa de barro. En ocasiones las paredes interiores de la capilla eran pintadas con frescos de figuras humanas y animales, así como un variado surtido de motivos geométricos.

A pesar de que en teoría toda la ciudad pertenecía al dios principal, en la práctica la corporación del templo poseía solamente una parte de la tierra, que se alquilaba a los agricultores arrendatarios. El resto de la tierra era propiedad privada de ciudadanos particulares: agricultores y ganaderos, barqueros y pescadores, comerciantes y escribas, doctores y arquitectos, albañiles y carpinteros, herreros, joyeros y alfareros. En la cumbre de la jerarquía social estaban los nobles: los cortesanos de palacio y los administradores del templo, cuyas familias poseían grandes fincas atendidas por clientes y esclavos. Pero aun algunos de los ciudadanos más pobres se las arreglaban para poseer granjas y huertos, casas y ganado. La riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, eran hasta cierto grado, el resultado de la empresa privada y del impulso individual. Los agricultores, artesanos y artífices más capaces e industriosos vendían sus productos en el mercado de la ciudad, y recibían pago ya sea en especie o en “moneda”, que consistía por lo general en un disco o anillo de plata de un peso estándar. Los mercaderes viajantes llevaban un próspero comercio de ciudad en ciudad y con los países circunvecinos, tanto por tierra como por mar, y muchos de estos comerciantes eran individuos privados, en vez de representantes de palacio o del templo.

La vida económica y social de Sumeria se caracterizaba por los conceptos de ley y justicia que lo penetraban todo. Urukagina, mandatario de Lagash, introdujo reformas económicas y legales en la temprana fecha del siglo XXI a.n.e. Se promulgaron códices de leyes en el siglo XXI y uno de ellos, el código de Ur – Nammu, ha sido parcialmente recuperado. Documentos legales sumerios han sido excavados en grandes cantidades: contratos, escrituras, testamentos, pagarés, recibos y verdaderas decisiones de las cortes que han llegado a ser precedentes legales. En teoría, el rey era el responsable de la administración de la ley y la justicia; en la práctica, el gobernador de la ciudad o su representante, el mashkim, cuidaba de los detalles administrativos y legales. Los casos de la corte eran escuchados por regla general por tribunales de tres a cuatro jueces. Los litigios los podían iniciar tanto grupos privados como el gobierno. La evidencia se tomaba en forma de declaraciones de los testigos y expertos, o era obtenida de documentos escritos. La toma de juramentos tenía un papel importante en los procedimientos de la corte.

La esclavitud era una institución reconocida de la sociedad sumeria. Los templos, palacios y fincas adineradas poseían esclavos y los explotaban para su propio beneficio. Muchos esclavos eran prisioneros de guerra; éstos no eran necesariamente extranjeros, podían ser sumerios de una derrotada ciudad vecina. Los esclavos también podían reclutarse de otras maneras: los hombres libres podían ser reducidos a la esclavitud como castigo a ciertas ofensas; los padres podían vender a sus hijos en tiempos de necesidad; o un hombre podía entregar a toda su familia a los acreedores como pago de una deuda, pero por no más de tres años.

El esclavo era propiedad de su amo. Podía ser marcado y flagelado, y era severamente castigado si trataba de huir. A pesar de ello, tenía ciertos derechos legales: podía dedicarse a los negocios, pedir dinero prestado y comprar su libertad. Si un esclavo, hombre o mujer, contraía matrimonio con una persona libre, sus hijos era libres. El precio de venta de un esclavo variaba con el mercado y con la calidad del individuo a la venta. El precio promedio de un hombre adulto era de diez shekels, que en ocasiones era menor que el precio de un burro.

La unidad básica de la sociedad sumeria era la familia. El matrimonio se arreglaba entre los padres. Los esponsales eran reconocidos en cuanto el novio traía un obsequio al padre de la novia, aunque a menudo se comprometían por medio de un contrato inscrito en una tableta. Mientras el matrimonio se reducía de esta manera a un arreglo práctico, los amoríos subrepticios extramaritales no eran de ningún modo desconocidos. Las mujeres en Sumeria tenían ciertos derechos legales de importancia: podían tener propiedades, ocuparse en negocios y calificar como testigos. Pero el marido podía divorciarse de ella sobre bases relativamente ligeras; y si no le había dado hijos, podía tomar una segunda esposa. Los hijos estaban bajo la absoluta autoridad de sus padres, los cuales podían desheredarlos y aun venderlos como esclavos. Pero generalmente los niños eran amados y apreciados y a la muerte de los padres heredaban todas sus propiedades. Era común ver hijos adoptados, y éstos también eran tratados con cariño y consideración – eran una especie de seguro para la vejez.

Es difícil estimar con un grado de exactitud razonable el tamaño de la población de las ciudades. El número probablemente variaba entre 10,000 y 50,000 personas. Sabemos que a excepción de algunos amplios bulevares y plazas públicas, las calles eran estrechas, sinuosas, bastante irregulares, con altos muros sin adorno de cada lado. No estaban pavimentadas y no tenían drenaje, y todo el tráfico era a pie o en burro. La casa ordinaria era una estructura pequeña de una planta hecha de ladrillos de barro, que consistía en varios cuartos agrupados alrededor de un patio abierto. Los sumerios adinerados, por otra parte, probablemente vivían en una casa de dos pisos de una docena de cuartos más o menos, construida de ladrillo horneado, revocada y enlucida tanto adentro como afuera. La planta baja consistía en una sala de recepción, cocina, lavatorios, cuartos de los sirvientes y a veces hasta una pequeña capilla. Como muebles tenían mesas bajas, sillas de alto respaldo y camas con marco de madera. Las vasijas de la casa estaban hechas de barro, piedra, cobre y bronce; Las canastas y los arcones eran de juncos o de madera. Los pisos y las paredes se adornaban con esteras de juncos, tapetes de pieles de animales y colgantes de lana.

El mausoleo familiar se localizaba frecuentemente debajo de la casa, aunque en tiempos remotos había cementerios especiales para los muertos en las afueras de la ciudad. Los sumerios creían que las almas de los muertos iban al inframundo, y que la vida continuaba allí de alguna manera como en la tierra; por ello los enterraban con su ollas, herramientas, armas y joyas. Algunos de los reyes más antiguos se hicieron enterrar hasta con sus cortesanos, sirvientes y ayudantes, así como con sus carrozas y los onagros aún uncidos a ellas. En gran medida, es de los descubrimientos hechos en las tumbas de los ricos que los arqueólogos modernos han aprendido tanto acerca de la cultura material de los antiguos sumerios.

En el campo del arte, los sumerios se distinguieron por su escultura, que en tiempos remotos (aproximadamente 2600 a.n.e.) era abstracta e impresionista. Las estatuas de los templos de esos tiempos muestran profunda intensidad emocional y espiritual, pero poca pericia en el modelado. Los escultores posteriores eran técnicamente superiores, pero sus imágenes carecían de la inspiración y el vigor originales. Los artesanos sumerios también manifestaron considerable destreza al tallar figuras sobre estelas y placas, vasos y cuencos.

Es de la escultura y de las tallas sumerias que aprendemos mucho acerca de la apariencia física de los sumerios y de su forma de vestir. Los hombres estaban o completamente rasurados o tenían pesadas barbas y cabello largo partido por el centro. Vestían una especie de falda con volantes cubierta en ocasiones por una larga capa de fieltro. Al paso de los años, el “chiton” o camisa larga tomó el lugar de la falda de volantes; cubriendo esta camisa iba un chal guarecido con orlas, que se llevaba sobre el hombro izquierdo, dejando libre el brazo derecho. Las mujeres usaban vestidos largos que parecían chales con borlas que las cubrían de cabeza a pies, dejando descubierto sólo el hombro derecho. Su cabello iba generalmente partido por el centro y peinado en una pesada trenza, que se enrollaba alrededor de la cabeza. En ocasiones importantes se usaban tocados elaborados, que consistían en lazos, cuentas y pendientes.

Una de las contribuciones más originales de los sumerios al arte fue el sello cilíndrico, una pequeña piedra de forma cilíndrica grabada con un dibujo que se volvía claro y significativo al rodarlo sobre una tableta de arcilla o sobre la arcilla que sellaba un envase. Los sellos cilíndricos más antiguos son gemas talladas cuidadosamente con grabados de escenas tales como el rey en el campo de batalla, filas de animales o criaturas híbridas y monstruos. Muchos de los sellos posteriores describían escenas mitológicas muy imaginativas, a pesar de que a menudo es difícil penetrar en su significado. Finalmente, un diseño particular llegó a ser predominante: la escena de la “presentación”, en la cual un adorador es presentado a una deidad o a un rey deificado. El sello cilíndrico se convirtió en la marca reconocida de Sumeria que llegó hasta Anatolia, Egipto, Chipre y Grecia.

La música, tanto instrumental como vocal, jugó un papel importante en la vida sumeria, y algunos de los músicos devinieron en figuras importantes en el templo y la corte. De las tumbas reales de Ur han sido excavadas arpas y liras bellamente construidas. Instrumentos de percusión como el tambor y el pandero eran muy comunes, así como los caramillos tanto de juncos como de metal. La poesía y la canción florecieron en las escuelas sumerias. A pesar de que virtualmente todos los textos recuperados son himnos a dioses y reyes, existe poca duda de que la música, la canción y la danza hayan sido una fuente importante de entretenimiento tanto en el hogar como en el mercado.

La fe y la práctica religiosa de los sumerios se basaban en una cosmología y una teología desarrolladas por sus pensadores y sabios al principio del tercer milenio a.n.e y llegó a ser el credo y dogma básico de todo el Cercano Oriente. Los sumerios creían que el mar y el agua rodeaban al universo por todos lados; por ello concluyeron que un mar primigenio había existido desde el principio de los tiempos, y era una especie de “causa primera” o “ móvil primordial”. En este mar primigenio el universo fue engendrado, y consistía de un cielo abovedado superpuesto a una tierra plana y unido con ella. En medio, separando la tierra del cielo, estaba la atmósfera expansiva en movimiento. De esta atmósfera etérea se formaron los cuerpos luminosos: la luna, el sol, los planetas y las estrellas. Después de la separación del cielo y de la tierra y la creación de los cuerpos astrales, la vida animal y humana entró en existencia.

Este universo, así lo creían los sumerios, estaba bajo la vigilante custodia de un panteón, que consistía en un gran grupo de seres vivos. De forma humana pero sobrehumanos en naturaleza y poderes, aunque invisibles a los ojos mortales, guiaban y controlaban al cosmos de acuerdo con planes bien establecidos y leyes debidamente prescritas. Había dioses a cargo del cielo, la tierra, el aire, el agua; del sol, la luna, los planetas; del viento, la tormenta y la tempestad; de los ríos, las montañas y las llanuras; de las ciudades y estados; de campos y granjas; del zapapico, del molde de ladrillos y del arado.

Las deidades principales de este panteón eran los cuatro dioses creadores que controlaban los cuatro componentes principales del universo: El Dios del Cielo An; la Diosa de la Tierra Ki, cuyo nombre fue cambiado en el transcurso del tiempo a Ninhurshag, Reina de la Montaña; el Dios del Aire Enlil, que gradualmente se convirtió en el líder del panteón; el Dios del Agua Enki, quien también llegó a ser designado el Dios de la Sabiduría. Entre otras deidades de mayor importancia estaban el Nanna, Dios de la Luna; su hijo Utu, el Dios del Sol; y su hija Inanna, la Diosa de la Mañana y de la Estrella del Atardecer, conocida por los semitas como Ishtar. Había también un grupo de deidades celestes conocidas como Anunna, algunos de los cuales parecen haber caído de la gracia y fueron llevados al inframundo.

El poder de la creación de las cuatro deidades principales, de acuerdo con los teólogos sumerios, consistía principalmente en el verbo divino. El creador sólo tenía que hacer sus planes, articular la palabra y pronunciar el nombre. Más aún, para mantener a las entidades cósmicas y a los fenómenos culturales operando continua y armoniosamente sin conflicto ni confusión, idearon los me, esa colección de reglas y límites universales e inmutables que dioses y hombres a la par debían observar.

Respecto al hombre, los sumerios tendían a tomar un punto de vista trágico acerca de su destino y su suerte. Estaban convencidos de que el hombre había sido formado de arcilla y creado con un solo propósito: servir a los dioses, proporcionándoles comida, bebida y refugio para que ellos pudieran tener holganza para sus actividades divinas. La vida, de acuerdo con los sabios, estaba acosada por la incertidumbre de manera permanente. Nadie podía conocer el destino decretado para sí por los impredecibles dioses. Cuando una persona moría, su espíritu descendía al sombrío y lóbrego inframundo, donde la “vida” era apenas un reflejo melancólico de la existencia terrenal.

De acuerdo con sus propios registros, los sumerios apreciaban la bondad y la verdad, la ley y el orden, la libertad y la justicia, la misericordia y la compasión; y aborrecían sus opuestos. Los dioses, también, preferían lo ético y lo moral a lo antiético e inmoral. Desafortunadamente, en su estilo inescrutable, habían creado el pecado, el mal, el sufrimiento y la desgracia, y había muy poco que hacer al respecto. El proceder apropiado de un Job sumerio era no quejarse ni discutir, sino suplicar, lamentarse y gemir, confesando llorosamente sus pecados y flaquezas. Y como los grandes dioses estaban lejos en el distante firmamento y podrían tener asuntos más importantes que atender, los teólogos sumerios desarrollaron la idea que cada individuo, o por lo menos cada cabeza de familia, tenía un dios personal especial, una especie de ángel bueno, que escucharía su plegaria y a través de quien él encontraría su salvación.

Si la devoción privada y la piedad personal eran importantes, los ritos y rituales públicos llevaban el papel dominante en la religión sumeria. El centro del culto era naturalmente el templo, con sus sacerdotes y sacerdotisas, sus músicos y cantantes, sus castrados y hieródulos. Se ofrecían sacrificios diarios a los dioses: alimentos vegetales y animales, libaciones de agua, cerveza y vino. Adicionalmente, estaban la Fiesta de la Luna Nueva y otras celebraciones mensuales menos conocidas. De gran importancia era la prolongada celebración del Año Nuevo, que culminaba con el rito del matrimonio sagrado: la ceremonia nupcial entre el monarca reinante e Inanna, la Diosa del Amor y la Procreación, que se creía que aseguraba la fertilidad de los suelos y la fecundidad de los úteros.

Esta ceremonia de matrimonio real y sagrada era sólo una de un gran número de prácticas de culto más místicas, que giraban alrededor de la idea de un “dios moribundo” y su resurrección, lo que servía para explicar, por lo menos hasta cierto punto, dos inconsistencias teológicas muy perturbadoras. La primera consistía en el hecho amargo e incontrovertible de que toda la vida vegetal y animal languidecía hasta el punto de la muerte en los calurosos abrasadores meses del verano. Esto llevó a los teólogos a la conclusión de que el dios a cargo había “muerto”, que había sido llevado al inframundo, donde se quedaba durante los meses del tórrido verano, y que no regresaba a la tierra sino hasta el equinoccio de otoño, el tiempo del Año Nuevo sumerio, cuando la reunión sexual con su mujer hacía que los campos y las granjas, las llanuras y las praderas, florecieran y prosperaran otra vez. La segunda inconsistencia giraba alrededor de la muerte del rey que había sido deificado y era por lo tanto, inmortal. Esto se resolvió al identificar al rey con el Dios de la Vegetación, cuya muerte anual, su resurrección y la reunión con su esposa eran doctrina aceptada. Cada año nuevo, por lo tanto, los sumerios celebraban con pompa y ceremonia, con música y canto, el sagrado matrimonio entre el rey como el dios resucitado y la diosa que era su esposa.

El origen y la evolución de esta interesante fusión de mito y ritual, de culto y credo, es oscuro. Había un buen número de “dioses moribundos” en la Sumeria antigua; pero el más conocido es Dumuzi, el Tammuz bíblico, por quien las mujeres de Jerusalén aún se lamentaban en tiempos del profeta Ezequiel. Originalmente, el dios Dumuzi fue un gobernante sumerio mortal, cuya vida y muerte dejaron una profunda impresión sobre los pensadores y mitógrafos sumerios. Su esposa era la Diosa del Amor, Inanna, agresiva y ambiciosa, quien de acuerdo con los mitógrafos y teólogos sumerios hizo que su insensible e ingrato marido fuera llevado al inframundo, pero se arrepintió después y decidió que él podía resucitar y regresar a la tierra cada medio año. Era este matrimonio anual del rey como el Dumuzi resurrecto, a la Diosa Inanna, el que era conmemorado y celebrado cada año nuevo en el ritual del hieros gamos.

Literatura

Probablemente la contribución más importante de los sumerios a la civilización fue el invento y el desarrollo del sistema de escritura cuneiforme (con forma de cuña), que fue en un principio tomado en préstamo por los acadios y luego por la mayoría, o probablemente por todos los pueblos circundantes. La escritura comenzó como una serie de signos pictográficos, inventados por los sacerdotes de los templos y por los administradores, con el propósito de llevar cuenta de los recursos del templo y de las actividades económicas. En el transcurso de los siglos, los escribas y maestros sumerios modificaron, moldearon y convencionalizaron de tal manera la escritura, que perdió su carácter pictográfico, volviéndose un sistema de escritura puramente fonético en el cual cada signo representaba una o más sílabas.

Tabletas de arcilla, inscritas en escritura cuneiforme por medio de un punzón de caña han sido extraídas por decenas de millares de las antiguas ciudades enterradas de Sumeria, y ahora se localizan en los museos alrededor del mundo. La gran mayoría son documentos legales, administrativos y económicos. Pero unas cinco, seis mil tabletas y fragmentos están inscritas con obras literarias sumerias en boga al principio del segundo milenio a.n.e. Estas revelan las creencias religiosas, los ideales éticos y las aspiraciones espirituales de los sumerios, y hasta cierto grado del mundo antiguo en su conjunto.

Muchas de las tabletas y fragmentos literarios de los sumerios fueron excavados a final del siglo pasado; pero la mayoría permaneció inédita e inasequible para el mundo académico, y era por ello imposible evaluar la naturaleza y el alcance de su contenido. En el curso de los cincuenta años recientes, virtualmente todas las piezas literarias sumerias existentes han sido publicadas o están en proceso de serlo, y un gran número de cuneiformistas, jóvenes y viejos, han dedicado mucho tiempo y trabajo a su traducción e interpretación. Como resultado, es ahora evidente que la literatura sumeria comprende unos veinte mitos, nueve relatos épicos, más de doscientos himnos de diversos tipos y géneros, un considerable número de lamentos y endechas, algunos documentos legendarios historiográficos, y un gran y diversificado grupo de textos de “sabiduría”, que incluye ensayos, discusiones, proverbios, preceptos y fábulas.

Esta vasta literatura, consistente en más de treinta mil líneas de texto, la mayor parte en forma poética, constituye la literatura escrita más antigua en cantidad y variedad significativa hasta ahora descubierta, y su recuperación y restauración representan una de las mayores contribuciones de nuestro siglo a las humanidades. El material no es sólo de inmenso valor en sí mismo, como producto creativo de la imaginación sumeria, sino que
ha demostrado ser un tesoro riquísimo de fuentes primarias para el historiador de la literatura y la religión, para el estudioso de la Biblia y de los clásicos, para el antropólogo y el sociólogo. Además, existen esperanzas razonables para que este tesoro antiguo sea engrandecido y enriquecido en días futuros. Las composiciones literarias descubiertas hasta la fecha son sólo una fracción de las que existieron en Sumeria. Muchos textos aún yacen enterrados en los tells del sur de Irak, esperando la pala afortunada del futuro excavador.

Sumeria, su orto y ocaso, proveen al historiador con el ejemplo más antiguo de la punzante ironía inherente al destino del hombre. Como los documentos literarios sumerios hacen ampliamente manifiesto, fue el impulso competitivo por la superioridad y preeminencia, por la victoria, el prestigio y la gloria, los que proporcionaron la motivación psicológica que disparó los avances culturales y materiales por los cuales los sumerios son justificadamente conocidos: irrigación a gran escala, invención tecnológica, arquitectura monumental, escritura, educación y literatura. Es triste decirlo, pero la misma pasión por la competencia y el éxito llevan consigo la semilla de la destrucción y la decadencia.

Con el transcurso de los siglos, Sumeria se convirtió en una “sociedad enferma” con defectos deplorables y contradicciones penosas: deseaba la paz y estaba constantemente en guerra; profesaba ideales tales como justicia, igualdad y compasión, pero abundaba en injusticia, desigualdad y opresión; materialista y miope, desbalanceó la ecología esencial a su economía; sufrió un abismo generacional entre padres e hijos, y entre maestros y alumnos. Y así Sumeria llegó a un fin trágico y cruel, como lo lamenta amargamente un melancólico bardo sumerio: Ley y orden cesaron de existir; ciudades, casas, pesebres y corrales fueron destruidos; ríos y canales fluían con aguas amargas; campos y llanuras lograban sólo hierbas y “plantas plañideras”. La madre no cuidaba de sus hijos, ni el padre de su esposa, y las nanas no cantaban arrullos junto a la cuna. Nadie pisaba calzadas ni caminos; las ciudades eran saqueadas y su gente asesinada por el mazo o moría de hambruna. Finalmente, cayó sobre la tierra una calamidad “indescriptible y desconocida para el hombre”.

Interpretaciones de los relatos e himnos de Inanna

Por Diane Wolkstein

Introducción

En las primeras tres líneas de “El árbol Huluppu”, nos encontramos con el rasgo estilístico predominante del Ciclo de Inanna: la repetición. Se repiten las palabras, se repite la estructura de la oración; y a través de esta lenta, estudiada, casi hipnótica repetición somos transportados a otra región – la región intemporal de los dioses, el alma y los orígenes de la vida.

Todos los relatos en esta colección están conectadas a un fundamento religioso acerca del cual, excepto por los relatos y los himnos, desafortunadamente tenemos muy poca información (factual). No obstante, debemos aproximarnos a estos relatos como a narrativas sacras, exploraciones espirituales sobre el lugar de los dioses y la psique humana en el universo. En todos los relatos hay un enfoque sobre tales conceptos espirituales como regla, destino y los me (la cultura sagrada de Sumeria). De una manera similar a la escultura de la época, los relatos sumerios tienen una calidad severa, cruda, de ojos abiertos de par en par, como si el poeta estuviera tratando de penetrar a través de las meras esencias
De la vida con el objeto de ver “lo que es “, para entender de qué esta hecho todo, y cómo y porqué.

Desafortunadamente, el sacerdote sumerio ya no existe, para ilustrarnos acerca de la terminología ambigua o explicarnos los símbolos y rituales. Adicionalmente, ni siquiera sabemos en qué período fueron creados los relatos; pudieron haber sido creados en cualquier momento entre el año 1900 a.n.e. al 3500, o aun antes. Sin embargo, a pesar, o muy probablemente por sus raíces sagradas, los relatos siguen manteniendo una atracción muy poderosa sobre nosotros. Cuando los he narrado, las respuestas de la audiencia han sido sorprendentes: “Me sentí como lo hice la primera vez que entré en la catedral de Chartres”, o “Fue como ir atrás de un espejo”. Y durante la narración – especialmente en los momentos de repetición tales como la segunda o tercera vez que el relato de Inanna se narra en “El Árbol Huluppu”, o durante los siete despojos en “El Descenso de Inanna” – yo, también, he sentido la extraña cualidad de autodescubrimiento (autoapertura?) de estos relatos, como si estuviera saliendo del marco narrador – audiencia hacia un lugar del alma más profundo, más eterno.

Estos comentarios han sido escritos en respuesta a las muchas preguntas de los oyentes: “¿Quién es el ave abzu?” “¿Porqué fue Inanna al inframundo?” “¿Porqué sentenció a su marido a la muerte?” Mis pensamientos no son de ninguna manera definitivos, sino sólo respuestas al trabajo con el material. Debía responder. Así lo hice, primero tratando de tomar en consideración el contexto sumerio para los símbolos, tanto en su aspecto literario como en el cultural, y luego confiando en corazonadas,(hunch), especulación e intuición de narrador oral.

El Árbol Huluppu

En los primeros días, en los muy primeros días,
En las primeras noches, en las muy primeras noches,
En los primeros años, en los muy primeros años. . .

“El Árbol Huluppu” es uno de los primeros relatos registrados del génesis del mundo. Tal pretensión, sin embargo, no debe llevarnos a pensar que primero signifique “primitivo” o desinformado. El arte y el pensamiento de los sumerios y acadios tenía una enorme amplitud, sofisticación y variedad en su representación del universo. El escultor sumerio, que deseaba exaltar las muy tangibles delicias del amor, podía retratar realísticamente a una mujer y un hombre abrazándose (Ver Amantes abrazándose en la cama). El artista sumerio, que buscaba representar los aspectos aterradores, impenetrables y aprisionantes de la serpiente, pudo elegir la representación de su sujeto en una forma decorativa, esquemática (Ver Serpiente con espiral entrelazada). De manera similar, el poeta sumerio, que estaba investigando en “El Árbol Huluppu” el momento de los inicios1, fue capaz de crear una estructura que podía evocar la naturaleza del crecimiento.

Con el objeto de penetrar el cerrado tejido de la tela del poeta sumerio, me he aproximado al relato desde tres puntos de vista: el de la poética del relato, el desarrollo de sus caracteres y su material temático.

En sumerio no hay rima. Sin embargo, el intrincado patrón de sonidos de consonantes y vocales y las terminaciones similares y alternantes de verbos y sustantivos da al lenguaje una resonancia musical2. Desafortunadamente la riqueza que el sonido tenía en sumerio no es asequible al lector que no sabe leer sumerio; no obstante, podemos comenzar a revelar este relato misterioso al examinarlo desde otro aspecto de su poética. Como ha explicado Adele Berlin: “El ordenamiento diferente de cláusulas paralelas dentro de una estrofa de períodos múltiples produce muchas pautas . . . es aquí. . . que el lector moderno encontrará la belleza y lo intrincado de la poesía sumeria.”3 El relato inicia con un paralelismo tripartita:

En los primeros días, en los muy primeros días,
En las primeras noches, en las muy primeras noches,
En los primeros años, en los muy primeros años. . .

La repetición de “días” es así retomada en la cuarta y quinta línea, concatenándolas con las líneas previas, presentando, aun así, un nuevo paralelismo equilibrador. Este paralelismo equilibrador tiene el mismo sujeto:

En los primeros días cuando todo lo necesario fue traído a la existencia
En los primeros días cuando todo lo necesario fue bien nutrido. . .

El mismo paralelismo equilibrador del sujeto se continúa en la sexta y séptima líneas:

Cuando el pan se horneaba en los santuarios de la tierra
Y el pan era saboreado en los hogares de la tierra. . .

Cuando, en la octava y novena líneas, el paralelismo equilibrador cambia del sujeto al verbo,

Cuando el cielo se separó de la tierra
Cuando la tierra se hubo separado del cielo. . .

Tenemos el sentido tranquilizante del crecimiento de una cosa en otra. Comprendemos el orden natural de las cosas: una cosa sigue a otra, una cosa fluye dentro de otra, hasta que una tercera línea es añadida al paralelismo equilibrador que contradice el dístico anterior tanto en sujeto como en verbo:

Y el nombre del hombre fue elegido.

Previamente, el relato de la creación había sido un proceso natural progresivo: La existencia se asentó en el tiempo (líneas 1 – 3); Los aspectos vitales de la vida fueron creados y nutridos (líneas 4 – 7); la unidad del mundo fue dividida (líneas 8 – 9). Pero con la décima línea, Y el nombre del hombre fue elegido, la conciencia – artificio, esfuerzo, intención – se inicia.

Con el acto de nombrar lo que está en flujo, lo que está en movimiento resulta formado y lo que está adentro de vuelve manifiesto. Dar un nombre es traer a la existencia y al reconocimiento. En la mitología india, Brahma creó apariciones de su inconsciente; entonces el guardián del mundo, Daksha, dio nombres a las apariciones para que pudieran ser conocidas y sus funciones asignadas a ellas. En sumerio mu – lugal significa “el nombre del hombre” y también “propiedades que dan vida”. Dar nombre a algo es traerlo a una segunda (y consciente) existencia. La oración Y el nombre del hombre fue elegido, que ocurre como la tercera parte desorganizadora de un paralelismo (siendo la consciencia siempre un evento trepidante y perturbador), es también la décima línea en el relato mayor de la creación y representa un orden nuevo: el orden consciente de la creación.

Las líneas 11 y 12 retoman el previo y repetitivo paralelismo equilibrador por el verbo de las líneas 8 y 9, sugiriendo una restauración del proceso de creación. Y ahora, como el hombre ha sido nombrado, los dioses, también son nombrados:

Cuando. . . An retiró los cielos,
Y. . . Enlil retiró la tierra. . .

De cualquier manera, la tercera línea del paralelismo, con su nuevo sujeto y verbo contrastante, detiene otra vez la acción del relato y avienta el reflector hacia el significado de la línea 13:

Cuando. . . Ereshkigal, recibió el inframundo como heredad

Así como en muchas mitologías del mundo, 13 es el número de la muerte. Es el número aciago, funesto. En las líneas 11 y 12, los dos dioses masculinos, An y Enlil, tomaron posesión de sus dominios; pero en la línea 13, la diosa femenina, Ereshkigal, recibe su dominio y su destino. Y aquello que le es asignado a Ereshkigal, la Casa de la Muerte, de la Oscuridad, del Deterioro, del Polvo, es la misma región que espera a toda la humanidad. El flujo de la creación es conducido a un alto, puesto que a pesar de que el nombre del hombre ha sido “elegido”, ¿qué propósito tiene la vida y la conciencia si todo va a ser desbaratado en la Casa del Deterioro? ¿Quién intentará comprender a la muerte y de esta manera encontrar un sentido a la vida?

La respuesta a la pregunta formulada en la primera sección es dada a medida que el Sabio, el Padre Enki, el Dios de la Sabiduría, entra en el relato al inicio de la segunda sección. El paralelismo progresivo tripartita se repite; pero en esta ocasión, la acción es consumada en dos líneas en vez de en tres:

Él zarpó; el Padre zarpó,
Enki, el Dios de la Sabiduría, zarpó rumbo al inframundo.

El padre que viaja rumbo al inframundo puede ser apreciado de dos maneras: metafísicamente, como el “Dios de la Sabiduría”, y sexualmente, como el Dios de las Aguas (agua significa también “semen” en sumerio). Como Dios de la Sabiduría, Enki emprende la aventura (quest) de confrontar lo Desconocido. Como otras figuras shamánicas que viajan al inframundo, Enki es atacado con piedras y espíritus animales. Es golpeado y magullado por el inframundo, que es posesivo con su dominio; pero no se regresa. La batalla entre las fuerzas conscientes e inconscientes es encarnizada. Como Dios de las Aguas, Enki zarpa al inframundo, penetrando a Ereshkigal, la Reina del Inframundo, que reacciona levantando tormentas, tirando piedras, devorando y rugiendo.

El suspenso de la batalla entre macho y hembra, consciente e inconsciente, es logrado gramaticalmente al establecer un paralelismo equilibrador tras otro. Toda la segunda sección está hecha de dísticos paralelos. Mientras que en la primera sección el paralelismo equilibrador fluye de sujeto a verbo, aquí no hay variedad en el paralelismo equilibrador de sujeto, ni hay un movimiento hacia un contrario tripartita o un paralelismo sintético. La repetición de paralelismos refuerza la confrontación: los dos poderes son iguales. No ocurre ninguna resolución sino hasta la tercera sección, donde la respuesta es dada en forma de síntesis. Del encuentro entre el Dios de la Sabiduría y la Diosa del Inframundo, un árbol entra en existencia.

La tercera sección repite el paralelismo progresivo tripartita de la primera y segunda sección, pero ahora, que el tiempo es apresurado, el paralelismo se contrae al espacio de una línea:

En ese momento, un árbol, un árbol único, un árbol huluppu . . .

Cuando la tercera sección se inicia, hemos atravesado el tiempo, hemos encontrado a los dioses, y hemos llegado, con el acto de plantación de la semilla, a la tierra. Pronto Inanna entra y la trama puede empezar.

Los ritmos dinámicos contrapunteados de la estructura continúan a través de todo el relato, creando una red pulsante de tiempo. Cada sección tanto repercute como responde a la sección previa. Sólo al final de la primera parte de “El Árbol Huluppu”, cuando se llega a la resolución del dilema de Inanna, los paralelismos variantes de dos y tres partes dan lugar a un paralelismo nuevo de cuatro partes:

Del tronco del árbol él talló un trono para su sagrada hermana.
Del tronco del árbol Gilgamesh talló un lecho para Inanna.
De las raíces del árbol ella formó un pukku para su hermano.
De la corona del árbol ella formó un mikku para Gilgamesh, el héroe de Uruk.

El intercambio entre macho y hembra, entre la diosa, Inanna, y el mortal, Gilgamesh, causa una resolución y una tregua al previo ritmo regular/irregular del relato. Además, el número cuatro, conectado a las cuatro direcciones, al cuadrado, da un sentido de concreción y consumación.

Otro acercamiento a la comprensión de “El Árbol Huluppu” es a través de sus caracteres. Enki y Ereshkigal batallan en el preludio; la trama se inicia con el árbol huluppu e Inanna.

El árbol huluppu brota cerca del río Eufrates, pero pronto es golpeado por el Viento del Sur y es empujado hacia las aguas. Si no hubiera sido por Inanna, el árbol en su estado natural de descuido, hubiera perecido. Inanna rescata el árbol de las aguas y lo lleva a un lugar de cultivo.

Sólo después que Inanna ha cuidado del árbol por un período de tiempo en la contención de su jardín, sus deseos en conexión con el árbol emergen. De la misma manera que en la primera sección,

En los primeros días cuando todo lo necesario fue traído a la existencia,
En los primeros días cuando todo lo necesario fue bien nutrido,

La vida debe ser propiamente nutrida y cuidada antes que pueda arraigar y comience a ser diferenciada. Del árbol creciente Inanna desea tener un trono y un lecho brillantes.

Sin embargo, en conflicto con estos deseos, el primer hecho que se nos dice acerca de Inanna es que ella teme la “palabra” de An y de Enlil. An, el Dios del Cielo, y Enlil, el Dios del Aire, son los legisladores y ordenadores de Sumeria quienes dirigen los destinos de aquellos en la tierra y en el cielo. Como Jacobsen ha notado, “Jamás se ha sabido que una orden de An y Enlil hayan sido cambiadas”4. La “palabra” o destino que esperaba a la joven mujer Inanna es aquello que desea, y también aquello que teme: su trono y su lecho, su dignidad de reina y su madurez como mujer.

Los miedos y los deseos sexuales de Inanna, que son los de todos los adolescentes, están ampliados adicionalmente en el relato de las relaciones de los dioses en el árbol genealógico de Inanna. (Ver Árbol Genealógico de Inanna) Por el lado materno, había un sentido de calidez y cercanía; del lado paterno, un sentido de relación más forzado, más controlador y más controlado. El bisabuelo de Inanna, An, el Dios del Cielo, se había unido con su bisabuela Ki (o Urash), la Diosa de la Tierra. Ki había parido a los árboles, a los juncos, a la vegetación y a Enlil. El Arrogante Enlil había violado a la joven Ninlil (forzando su vagina demasiado pequeña) y Nanna, el Dios de la Luna, padre de Inanna, nació. A través de la Diosa Nammu, de la Profundidad Acuosa, An también prohijó a Enki, el Dios del Agua Fluyente y de la Sabiduría. Enki había desposado a Ningikuga, la Diosa de los Juncos, y nació la madre de Inanna, Ningal. Nanna se enamoró de Ningal y ella de él. Fue de esta unión impetuosa y gozosa que Inanna, Estrella de la Mañana y del Atardecer, y Utu, el Dios del Sol nacieron. Inanna, entonces, desciende de una abuela que fue violada y de una abuela y una madre que fueron amadas.

Pero ahora Inanna, que ha nacido de padres divinos, ha descendido a la tierra y espera como “joven mujer” su trono y su lecho. Inanna espera, pero su árbol no le da le fruto que ella desea. En lugar de ello se convierte en la morada de los temores desconocidos e inexpresados de Inanna.

La serpiente, que muda de piel, ha sido conectada desde siempre con el renacimiento. En la Épica de Gilgamesh acadia, contemporánea al Ciclo de Inanna, la serpiente roba la “flor del renacimiento” del desatento Gilgamesh. Tanto por su aspecto regenerativo como por su apariencia fálica, la presencia de la serpiente sugiere renacimiento y sexualidad. Más aun, el texto declara que la serpiente “no podía ser hechizada”. Inanna no va a poder aplacar, domesticar ni despreciarla. La serpiente es inmune a las leyes de la tierra.

El ave Anzu era conocida por los sumerios del relato de “la tortuga Ninurta”5, en el que el ave Anzu trata de robar los me sin éxito, los atributos de la civilización y del conocimiento, de Enki, el Dios de la Sabiduría. El ave Anzu maduro, descrito en el arte sumerio con grandes alas de águila y rostro de león, desea poder y conocimiento.

Lilith no aparece en otros textos sumerios. Para comprender su naturaleza, debemos considerar varios textos posteriores. En la leyenda hebrea, ella fue la primera mujer de Adán; pero insistiendo en su propia igualdad, se rehusó a copular con él, por que no quería estar debajo de él. Huyó de Adán y permaneció para siempre fuera de relación o regulación humana, poseída por una ávida, insaciable sexualidad. Fue maldita con la muerte diaria de cien de sus hijos demonios, por lo que continuamente y en venganza roba, lastima o mata niños humanos6. En textos zoháricos, ella tiene el dominio sobre todas los seres naturales, instintivos, sobre “toda criatura que se arrastra”. Lilith forma con el ave Anzu y con la serpiente una tríada de criaturas sexuales, licenciosas que viven fuera de los límites de la comunidad sumeria y buscan poder sólo para ellos. Estos son los miedos y deseos inexpresados de Inanna, que ahora han sido “nombrados”.

Inanna había querido un trono y un lecho. Ella había querido el resultado final – su gobierno y su madurez femenina. No obstante, la serpiente, el ave y Lilith son esenciales para la consecución de los deseos de Inanna, porque le dan a sus miedos una forma externa de modo que ella pueda comenzar a verlos. Las tres criaturas encarnan los codiciosos y primitivos aspectos humanos que Inanna debe reconocer y soltar si es que quiere merecer los atributos de “el trono” y “el lecho”.

Inanna se disuelve en lágrimas con la verificación de sus propios obscuros y solipsistas anhelos:

La joven mujer que amaba reír lloró.
¡Cómo lloró Inanna!

Pero el llanto tiene poco efecto en criaturas que no se dejan domesticar.

Después de intenso llanto repetitivo, las propias resistencias de Inanna se debilitan, y está preparada a avanzar a otro estado de conciencia. En la aurora, con la renovación de la luz y la conciencia, pide ayuda, no de su padre o de su madre, sino de su propio grupo de iguales. Su divino hermano, Utu, el Dios del Sol, la rechaza. Su hermano terreno, Gilgamesh7 el héroe de Uruk, que funciona en esta historia como hijo de Enki, el Dios de la Sabiduría – responde a la súplica de Inanna8.

Gilgamesh entra en el jardín de Inanna y al usar su hacha de bronce, un arma cortante de la civilización, derrota a la indomable serpiente. Con la muerte de la serpiente, Inanna queda unida a Gilgamesh, quien ha entrado en su jardín y la ha liberado de sus temores. El lazo que se forma entre la solitaria Inanna y el heroico rey de Uruk también se extiende a aquellos que han ayudado al rey, el pueblo de Sumeria. Como señal de su nueva relación, Gilgamesh e Inanna intercambian regalos.

Inanna le da a Gilgamesh un pukku y un mikku9 Leemos en la segunda parte de “El Árbol Huluppu” (no publicada aquí)10 que Gilgamesh pierde sus regalos. Aun no tiene suficiente conciencia para usarlos sabiamente. Su jactancioso uso del pukku provoca amargura, lamentación y lágrimas a las madres, hermanas y doncellas de Uruk, así es que la tierra húmeda se abre y el pukku y el mikku se pierden en el inframundo.

En “El Árbol Huluppu” Gilgamesh es el descarado joven héroe, pletórico de su hombría y de los signos de su fuerza física – su pesada hacha, que pesa 225 kilos, y su gran armadura, que pesa 30 kilos. Pero también actúa en el papel de un rey—héroe. Derrota a la naturaleza desaforada (Lilith y las bestias) al ejecutar las mismas tareas civilizatorias que el Rey Gilgamesh ejecuta, cuando (en La Épica de Gilgamesh) entra en el bosque de cedros de Ishtar, mata al monstruo Humbaba y después derriba los árboles.

A pesar que Gilgamesh no ha llegado a su desarrollo completo en “El Árbol Huluppu”, es con todo, el iniciador de Inanna, puesto que le trae valor, decisión y fuerza a Inanna en su momento de debilidad. Con su consentimiento, libera a la joven mujer de sus “criaturas salvajes”.

Inanna trajo al árbol huluppu de su estado de flotación libre en lo salvaje a la protección de su jardín. Pero sin la voluntad del rey—héroe Gilgamesh, el árbol no puede producir “el fruto” que Inanna desea. Para producir un trono y un lecho, un árbol verde tiene que ser convertido en árbol desbastado11. Inanna, Gilgamesh y el árbol están todos en sus etapas formativas. Por motivo de sus desaforados ocupantes, el árbol – cambiado de benigno en malevolente – debe por ello ser destruido. Es con el consentimiento consciente de Inanna y Gilgamesh que el árbol es desarraigado por tercera vez. Es entonces llevado por Gilgamesh y sus compañeros desde el jardín hasta la ciudad y la civilización, donde otorga “regalos recíprocos” para toda Sumeria.

Tanto Inanna como Gilgamesh son enriquecidos por la muerte y transformación del árbol. Inanna está ahora preparada para ser una mujer, y Gilgamesh ha probado su hombría. A pesar de que no se unen, Gilgamesh, al entrar al jardín de Inanna se aproxima a su lado femenino. Inanna, provista con un lecho brillante, espera a su consorte; y preparada con un trono, está lista para actuar por sí misma.

Un tercer acercamiento al relato es a través de los temas mayores. El árbol huluppu creado al inicio del relato, refleja la realidad y la lucha de los dioses así como la propia realidad psíquica de Inanna. El árbol sintetiza las fuerzas duales del universo: Enki y Ereshkigal, conciencia e inconsciencia, luz y oscuridad, macho y hembra y el poder de la vida y el poder de la muerte.

La pictografía sumeria para planta _____ exhibe la complejidad de la síntesis maravillosamente. Los dos grupos de cuatro líneas se cruzan en ángulos rectos, formando una malla, que es una tercera y nueva entidad, y aun así mantiene las identidades iguales de las fuerzas opositoras.

La imagen del árbol como síntesis de estos poderes numinosos es también efectivamente vista en la realidad exterior, puesto que el árbol crece desde la oscuridad y el inframundo hacia la luz y la conciencia. Está anclado en el inframundo y crece hacia el cielo. El árbol es parte de los tres reinos: el inframundo de Ereshkigal, la tierra de Enlil y los cielos de An. La maravilla del árbol continúa existiendo ahora, porque a pesar de que aun no podamos explicar el misterio de la primera semilla, podemos tomar la semilla en nuestra mano y decir, he aquí el principio de la vida. Emergerá del inframundo, se esforzará hacia el cielo, y morirá de vuelta al inframundo, de donde sus descendientes emergerán.

El relato hebreo de la creación es paralelo a la narración sumeria de “El Árbol Huluppu” de muchas maneras. En el Génesis, el primer día Dios creó el tiempo, en el segundo los cielos, y en el tercero la tierra, “que produjo pasto, la semilla que da hierba, y el árbol frutal que da fruta de su especie, cuya semilla está en sí misma”. Para las dos culturas el árbol representa la primera cosa viva sobre la tierra.

El árbol también provee a las dos culturas con una configuración de las fuerzas de la vida y la muerte y conciencia y falta de conocimiento. Es posible que los poderes de los árboles bíblicos en el centro del Jardín del Edén, El árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y el mal, estén basados en los poderes conjuntos del árbol huluppu sumerio. En cualquier caso, el árbol bíblico del conocimiento contiene grandes poderes, puesto que Dios previene a Adán de no comer de su fruto o él morirá. Cuando Adán y Eva desobedecen (“La mujer vio que el árbol (era) deseado para hacerlo a uno sabio”), ellos descubren su propia desnudez y sexualidad y pierden su oportunidad para la inmortalidad. Sin embargo, obtienen el conocimiento del bien y el mal. Entonces son expulsados del Jardín del Edén. Pero no se van completamente desproveídos, porque se van con su recientemente adquirida conciencia. El contacto con el árbol, que tiene dentro de sí mismo sus propios medios de regeneración, da a los participantes una oportunidad de renacer, si no físicamente, entonces en etapas de comprensión.

Cuando Inanna planta el árbol huluppu en su jardín, trae a las fuerzas de Ereshkigal y Enki dentro de su retiro protegido. El árbol viviente, que refleja el gran mundo así como el mundo interior de Inanna, es habitado por criaturas las cuales sólo se esfuerzan hacia el mero renacer. Pero para Inanna, en este momento, el renacimiento por ella misma no es posible. Justo como Eva compartió la fruta del árbol del conocimiento con Adán y “los ojos de los dos fueron abiertos”, la joven Inanna, también, apela a sus hermanos, primero a Utu, luego a Gilgamesh.

Para el momento en que Gilgamesh entra en el jardín de Inanna, tanto Inanna y nosotros estamos preparados para el despertar de Inanna. Hemos vivido a través del relato del crear y el deshacer el universo tres veces (una en el mundo exterior, con la presencia de Ereshkigal, y dos más en el mundo interior de Inanna, con la presencia de las criaturas aterradoras. Los paralelismos equilibradores han guiado una y otra vez hacia el cambiante tercero. Estasis y antiéstasis nos han preparado para el final de la virginidad de Inanna. Con el hacha cortante de la civilización, Gilgamesh traspasa la temida serpiente, la bestia que puede ir por siempre alrededor de sí misma, y los temores proyectados de Inanna desaparecen. El árbol, liberado de los demonios de Inanna, es llevado a la ciudad.

El árbol, que nació de la confrontación de las fuerzas opuestas de la vida, es ahora compartido entre Inanna y Gilgamesh; mujer y hombre, diosa y mortal. El contacto con el árbol lleva al hombre y a la mujer sumerios a una comprensión más cercana de las fuerzas de la vida: la creación del mundo y su eco humano, la sexualidad de la mujer y su conciencia emergente. Los hijos de la ciudad que ayudaron a Gilgamesh son benefactores también, puesto que es de la madera del árbol huluppu que el trono y el lecho de su diosa son hechos. Cuando Inanna comience su reinado, estará sentada sobre el trono del árbol huluppu, y su comprensión de la vida y la muerte, conciencia y falta de conciencia, será incrementada de acuerdo a ello (¿?). De la misma manera, cuando abrace a un hombre, el lecho les murmurará a los dos los secretos de la vida y la muerte, de la luz y la oscuridad.

  1. 1. Ver Mircea Eliade, Mito y Realidad (Harper and Row, 1963) para la exposición acerca de “primeras veces” y “inicios”.
  2. 2. Ver Piotr Michalowski, “Carminative Magic: Towards an Understanding of Sumerian Poetics”. Manuscrito inédito.
  3. 3. Adele Berlin, Enmerkar y Ensuhkesdanna. Philadelphia: The University Museum,1979, p.15.
  4. 4. Thorkild Jacobsen, Yale University Press, The Treasures of Darkness. New Haven and London: 1976, p. 187.
  5. 5. Bendt, Alster, Journal Cuneiform Studies, vol. 24, 1971 – 2, pp. 120ff
  6. 6. Louis Ginzberg, Legends of the Bible. Philadelphia: Jewish Publication Society of América, 1956, p.35.
  7. 7. Se decía que Gilgamesh era dos terceras partes dios y una tercera parte humano. En los relatos es mortal y actúa de modo mortal. Del árbol genealógico se puede ver que es de la misma generación de Inanna, lo que sugiere una relación de familiaridad fraterna.
  8. 8. Gilgamesh era considerado un avatar de Dumuzi, el hijo de Enki. Como alguien que está enlazado a Enki, Gilgamesh, en la segunda parte del relato, paralela el papel de Enki en la primera parte del relato, al venir al rescate de la parte consciente de Inanna en contra de las fuerzas de la serpiente o del inframundo.
  9. 9. Los sumeriólogos aun no han sido capaces de traducir el significado de pukku ni de mikku. Una posible explicación es que sean emblemas de realeza, como un anillo o un cetro. Ver el texto la ilustración.
  10. 10. Para el relato completo de “El Árbol Huluppu”, ver S.N. Kramer, The Sumerians: Their History, Culture and Character. Chicago: University of Chicago Press, 1963, pp. 199 –205.
  11. 11. Ver David Bynum, The Daemon in the Wood (Cambridge: Harvard University Press, 1978) una disertación de los aspectos dadores de vida/privadores de vida del árbol verde y los aspectos culturales recíprocos del

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